El primer homenaje a la mariscadora más veterana equilibra la balanza
13 jul 2016 . Actualizado a las 09:51 h.«Cuando éramos jóvenes, lo habitual era trabajar recogiendo marisco en la playa mientras tu marido estaba en alta mar». Esta frase, dicha por Agapita de la Torre Artal, refleja una tradición seguida durante décadas por las familias gallegas relacionadas íntimamente con el mar. Esta tradición no es ajena a ella y tampoco lo es a Cándido Blanch Alonso.
Cándido es el marinero más veterano de Baiona, de donde es natural. Por este motivo, la organización de las fiestas de la Virxe do Carme ha decidido homenajearlo este año, algo habitual en cada edición. Por su parte, Agapita resulta ser, camino de los 90 años, la mariscadora con más edad. Su homenaje es una novedad introducida este año por la Cofradía de Pescadores de Baiona, organizadora de la festividad, con el objetivo de equilibrar la balanza.
Las historias de sus vidas se resumen en largos períodos de espera, tanto en el mar como desde la orilla. Cándido, que empezó «navegando nunha gamela aos doce anos», ya no abandonó el mar hasta su jubilación a los 65. En medio de todo ese proceso conoció a su mujer, Carmen Ulbeira. Con ella tuvo seis hijos a los que dedicó todos sus esfuerzos, teniendo «que loitar moito pra poder mantelos estando lonxe deles».
El caso de Agapita es la otra cara de la moneda. Nacida en Guadalajara, esta mujer, que ya suma más de 20 años fuera de la profesión de mariscadora, llegó a Galicia por casualidad, acompañando a la pareja para la que trabajaba como ama de casa en Madrid. En uno de los siete veranos que pasó viniendo a las Rías Baixas a trabajar, conoció a su marido, Álvaro Pérez, un marinero natural de Panxón. Agapita ya no volvió a Madrid.
Al casarse con Álvaro, abandonó su empleo y comenzó a dedicarse al marisqueo, ya entrada en la treintena. Desde entonces hasta los 67 años se dedicó a ello en lugares como Playa América, Foz y Baiona, combinando esta tarea con la de criar a sus dos hijos mientras su marido se batía en alta mar.
Tanto uno como la otra recuerdan su pasado con añoranza, pero también satisfechos por «haber luchado» pese a haberles tocado vivir «muchas miserias y mucha pobreza» a lo largo de todos estos años. Lo peor, según asegura Agapita, siempre fueron los inviernos, que «eran largos y muy fríos, y pese a todo era necesario salir a mariscar».
Después de cuarenta años entre tierra y mar y haber navegado prácticamente por todo el Atlántico (desde la costa de Marruecos a las Islas Malvinas), Cándido Blach vive ahora en Baiona con su mujer de toda la vida, donde descansan y disfrutan de un entorno apacible.
Por su parte, Agapita, viuda desde hace doce años, dedica su día a día «a hacer las cosas de casa y cuidar el huerto». Además, de vez en cuando, baja al centro de la tercera edad «a echar unas briscas» con sus antiguas compañeras mariscadoras, donde pasan «un rato agradable» distrayéndose y recordando lo vivido en épocas peores que, pese a todo, se guardan en la memoria con cariño.
El homenaje a estas dos historias vinculadas al mar se celebrará este domingo por la tarde y consistirá en una pequeña misa y en un ritual en el que la Virgen del Carmen navegará por las mismas aguas en que lo hizo Cándido. Este homenaje recuerda décadas de recoger marisco esperando el regreso de un ser querido y de batirse en alta mar deseando, de una vez por todas, llegar a casa.