Jorge Urdiales, subido a los patines desde los seis años

M. V. F. VIGO

VIGO

Urdiales disfruta mucho de su faceta de entrenador, aunque admite nostalgia de cuando jugaba.
Urdiales disfruta mucho de su faceta de entrenador, aunque admite nostalgia de cuando jugaba. XOAN CARLOS GIL

Exjugador y entrenador, también echa una mano en tareas organizativas y de gestión del Traviesas

23 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El apellido Urdiales va estrechamente ligado al hockey vigués. Jorge (Vigo, 1974) comenzó en este deporte a los seis años, siguiendo los pasos de su hermano Enrique, que le lleva 17. «En aquel momento, no había base. Fuimos la primera generación de cantera del Traviesas», dice sobre el club en el que hoy entrena al sénior femenino, aparte de echar una mano con otros equipos de base y arrimar el hombro en lo que se tercie.

Recuerda aquellos comienzos en que pequeños y mayores entrenaban juntos, y cómo de patinar en una esquina que les dejaban los de patinaje artístico fueron ganando terreno: media pista y, finalmente, pista entera. Fue a principios de la década de los 80 y él, que hacía otros deportes, se enganchó con facilidad. «Era el típico niño coordinado al que se le daba bien la actividad deportiva. Pero me di cuenta de que a fútbol o baloncesto podía jugar con los compañeros cuando quisiera, mientras que el único sitio donde podía hacer hockey era allí, esos días y a esas horas, al ser tan específico». Fue lo que le hizo decantarse.

Formó parte de la primera generación que disputó ligas gallegas de base, formando parte del Traviesas toda su vida hasta que nació el Vigo Stick, por donde pasó un par de temporada. No fue hasta pasados los 30 cuando se tomó una primera pausa como jugador. Como técnico, no ha parado desde los 16 años. «Empecé siendo entrenador del Traviesas con los pequeños, gente con la que luego coincidí en el equipo que formamos de veteranos», ya en tiempos recientes, antes de la pandemia. «De los seis a los 51 años que tengo, nunca me he bajado de los patines de una forma u otra», proclama.

Sus inicios en los banquillos vinieron dados por verlo como «una oportunidad de conseguir unos ahorros», se sincera. Pero aquello dio para más. «Me resultó muy gratificante desde el principio. Ver la evolución de gente que apenas se sostiene en patines y cómo va creciendo en poco tiempo es muy satisfactorio», expresa. Pasó por todas las categorías, desde escuelas a equipos sénior, masculinos y femeninos, sin olvidar los veteranos, compaginando la faceta de jugador y la de técnico.

En la actualidad, además de encargarse del primer equipo femenino, echa una mano a Marina Pérez en el sénior masculino un día por semana y en los partidos de casa «con un papel secundario, porque cuatro ojos ven más que dos». El pasado fin de semana, por ejemplo, también se ocupó de cuatro partidos: prebenjamín, benjamín y dos alevines. «Si fuéramos más entrenadores, se agradecería», desliza. Pero si algo tienen los que hay, es que siempre están dispuestos a echar un cable donde se requiera. «Aquí, a nadie se le caen los anillos por ir a buscar el agua, pasar la mopa, poner carteles o ir a buscar el líquido para que no resbale el suelo», ejemplifica. Lo que les mueve es que «los niños estén bien atendidos, que no les falte de nada y que tengan siempre un entrenador y un delegado y que estén siempre cubiertos», añade.

Las tareas directivas tampoco le son ajenas a Urdiales, como al resto de técnicos. «Estamos en una especie de coordinación. Tenemos una presidenta, coordinadora y directora deportiva, que es Marina, pero hay un grupo de trabajo en el que nos buscamos la vida entre todos», revela. Suman esfuerzos para buscar patrocinios o ponerlo en común si se enteran de alguna subvención a la que puedan optar o cualquier otra cuestión de interés.

Urdiales no oculta que compatibilizar sus roles en el Traviesas con su empleo en una empresa que trabaja para la Liga de Fútbol Profesional. «Cuando juegan en casa el Celta o el Celta Fortuna, nos encargamos de los tornos y el control de acceso. Supone estar cinco horas antes del inicio del partido, así que cuando coincide en casa, estoy bastante limitado», cuenta. Así, sucede en ocasiones que es «uno menos a ayudar el fin de semana» y que incluso le tienen que cubrir con el equipo de OK Plata. «Lo vamos cuadrando con los calendarios, aunque el de La Liga no se anticipa mucho», constata.

No oculta Urdiales que echa de menos jugar. «Soy bastante activo, entreno con los patines puestos y si alguna vez hay escasez de gente, soy uno más para la pachanga final», revela. Le divierte mucho, dice, aparte de hacerle «volver al origen». «Lo primero que me ha aportado el hockey es conocer infinidad de personas de aquí y de otros países. Con nosotros ha jugado gente de Italia, Argentina, Portugal... También hemos ido a jugar allí un montón de veces», recalca. Así, a su deporte le debe amistades y haber conocido un sinfín de lugares.

Como entrenador, agradece la satisfacción de ver la evolución de los deportistas. «Como decía, cuando te das cuenta, gente a la que entrenaste de niños es de tu equipo de veteranos», dice preguntado por qué faceta prefiere. «Como jugador, lo vives y lo pasas muy bien, pero ser entrenador te da una visión más global y también lo disfrutas mucho». Admite «nostalgia» de su etapa de jugador porque «ya no va a volver».