Vuelco en el juicio por las 2,8 toneladas de coca apresadas en el pesquero Simione: el capitán se retracta por «miedo» y apunta a un cabecilla en la sombra

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO VIGO / LA VOZ

VIGO

Xoan Carlos Gil

El principal acusado, que hacía de armador del barco en Senegal desde Vigo, solicita declarar de último para conocer toda la prueba que le incrimina

09 mar 2026 . Actualizado a las 22:53 h.

La sección quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra fue escenario este lunes de una vista cargada de tensión y giros inesperados durante la primera jornada del juicio por el alijo apresado a bordo del pesquero Simione. En el banquillo, cinco procesados (junto a la traductora de uno de ellos) se enfrentan a peticiones de condena de la Fiscalía que suman 56 años de prisión y multas astronómicas de 2.500 millones de euros por un delito de tráfico de drogas a gran escala Ya el protagonista del día, sin embargo, podría decirse que fue el miedo.

El capitán del buque, apresado en alta mar en diciembre de 2022 con 2,8 toneladas, decidió cambiar drásticamente el rumbo de su defensa. José Antonio C.R., para quien se solicitan 11 años y 9 meses de cárcel, se retractó de sus declaraciones previas en sede judicial y exculpó al armador vigués Pablo G.F., considerado hasta ahora el cerebro de la operación. Según el testimonio del capitán, el verdadero líder de la trama es una tercera persona a la que se niega a delatar por «miedo», un temor que ya le impidió hablar durante la instrucción del caso y que, según confesó ante el tribunal, sigue sintiendo a día de hoy.

Pese a este sorprendente intento de exculpación, el capitán admitió ciertas conexiones que mantienen a Pablo G.F. en el punto de mira. Reconoció que fue el empresario gallego quien le enroló en el barco, quien le pedía partes diarios de la travesía por teléfono e incluso quien le dio la orden de deshacerse de un dispositivo móvil. También admitió que Pablo G.F. le facilitó unas coordenadas manuscritas para navegar hacia Senegal, aunque matizó que las coordenadas mecanografiadas del punto exacto donde debían cargar la droga no se las dio él.

Un motín sangriento y un «barco maldito»

El relato de la travesía del Simione expuesto en la sala parece sacado de un relato de terror en alta mar. El buque, de bandera angoleña, había zarpado desde Luanda (Angola) en noviembre de 2022 y recaló en Dakar (Senegal) para repostar y completar la tripulación. Fue allí donde se desató el caos. Al descubrir que el objetivo del viaje no era pescar sino recoger cocaína, los tripulantes locales se amotinaron, llegando a asestar dos puñaladas al entonces capitán. Tras el altercado, los amotinados y el capitán herido abandonaron el buque, momento crítico en el que el acusado José Antonio C.R. asumió el mando de la embarcación. 

La singladura hacia el punto de encuentro continuó plagada de contratiempos, con graves fallos en las máquinas y en el timón. «Este barco está maldito», llegó a escribir el nuevo capitán en un mensaje telefónico intervenido durante la través. Tras navegar hacia el suroeste de Cabo Verde y recibir la droga de otra embarcación, el pesquero fue finalmente abordado el 18 de diciembre de 2022 por agentes de élite de la Guardia Civil repartidos en las unidades EDOA de Pontevedra y ECO Galicia. En el momento de su detención, el capitán portaba un teléfono satelital usado para las coordenadas y un móvil con la fotografía de un papel que detallaba la carga y descarga del estupefaciente.

Las otras voces del banquillo

Por su parte, el presunto cabecilla y armador, Pablo G.F., optó por una estrategia de expectación: compareció en la sala oculto tras una mascarilla y solicitó ser el último en declarar tras la práctica de la prueba. Quienes sí tomaron la palabra fueron otros dos acusados que trataron de desvincularse del entramado. El ciudadano R.E., a quien la Fiscalía señala como responsable de acopiar y distribuir la droga en las Rías Baixas y que se enfrenta a ocho años y medio de cárcel, negó categóricamente tener relación alguna con Pablo G.F., asegurando que se conocieron por primera vez en los calabozos tras ser detenidos. 

En la misma línea de ignorancia se escudó José Javier F.V., jefe de máquinas que embarcó en Dakar para la ruta hacia Vigo y para el que piden 11 años y 6 meses entre rejas. El procesado afirmó que desconocía que el barco fuera a transportar droga y relató cómo se negó a recoger unas coordenadas que le había pedido Pablo G.F., alegando que esa era tarea exclusiva del capitán.

Frente a estas excusas, la Fiscalía se mantiene inamovible en su escrito de acusación, sosteniendo que todos los tripulantes a bordo, incluidos el capitán y el jefe de máquinas, eran plenamente conscientes de la finalidad ilícita del viaje desde el momento en que pisaron la cubierta del Simione. El juicio continuará en los próximos días con la esperada declaración del presunto cabecilla vigués.