La Guardia Civil investiga si los 11.000 litros de gasoil en el mejillonero hundido en O Grove eran para una operación de narcotráfico

Javier Romero / Serxio González VIGO / AROUSA / LA VOZ

VIGO

Martina Miser

Los dos vecinos de Rianxo y el ciudadano de Letonia que formaban la tripulación no aportaron explicaciones sobre una singladura nocturna en condiciones tan adversas por el mal tiempo, que pudo desencadenar una catástrofe ambiental en la ría de Arousa

12 feb 2026 . Actualizado a las 21:08 h.

El naufragio del barco bateeiro Nueva Santa Irene ha desencadenado una investigación por la presunta intención de sus tres tripulantes de entregar los bidones de combustible a bordo a algún tipo de embarcación implicada en una operativa de narcotráfico marítimo. Sobran sospechas y recelo por las incógnitas que rodean al hundimiento, y por la opacidad que ofrecieron los tres tripulantes al negarse a prestar declaración ante la Guardia Civil, una vez en tierra tras ser rescatados anoche. El barco zarpó de Rianxo este martes sobre las tres de la tarde, y en el momento del naufragio, hacia las 18.40 horas, estaba en el polígono de bateas situado frente al puerto de Meloxo, en O Grove, ya en la bocana de la ría de Arousa. Permanecía refugiado en una batea con al menos 11.000 litros de gasoil repartidos en once bidones, aunque no se descarta que fueran doce, lo que elevaría a 12.000 litros el peso total de combustible que viajaba en un bateeiro muy antiguo, cuyo casco es de madera, no apto para echarse al mar con semejante peso por la inseguridad que implica y menos aún con las adversas condiciones de navegación que impone el mal tiempo.

Otra pregunta que genera recelo es qué hacía el barco en ese punto de la ría, próximo a aguas abiertas. Se trata de una embarcación auxiliar de batea, así que resulta obvio que sus tripulantes no tenía intención alguna de llevar a cabo un cometido relacionado con la extracción de mejillón. El mal tiempo impide trabajar en las mejilloneras, y no tendría ningún sentido que lo hiciese con semejante cantidad de combustible a bordo, cuyo transporte sería realmente la finalidad de la misteriosa singladura.

Otra incógnita sin resolver conlleva poner nombre a la embarcación que hipotéticamente recibiría el combustible, o al menos saber qué forma tendría. Todos esos elementos sin aclarar, unidos al hecho de que semejante cantidad de gasoil transportada en medio de tanto sigilo solo se destina al tráfico de drogas marítimo, son el fundamento de la investigación actual e incipiente que inició la Guardia Civil y comparte con el Servicio de Vigilancia Aduanera y la Policía Nacional.

Lo único seguro, por el momento, es que los indicios son insuficientes para detener a los dos vecinos de Rianxo y al ciudadano de Letonia (sin licencia para formar la tripulación ni faenar) que iban a bordo. Los investigadores intentan avanzar moviéndose en un terreno movedizo, a medio camino entre los pocos pero sospechosos hechos constatados y la información policial propia, bautizada en el argot como inteligencia policial. En ese contexto ya existe un relato que podría tener fundamento apelando a la lógica, pero a nada más. La oscuridad que envuelve a la singladura, que sus protagonistas no han sabido explicar, sí permite concluir que la finalidad del viaje sería ilícito.

También se sabe que las planeadoras se alimentan de motores fueraborda que solo usan gasolina, por lo que este medio de transporte quedaría excluido, dado que el bateeiro transportaba gasoil. La opción que resta, siguiendo la lógica policial, implica deducir que el destinatario de semejante cantidad de combustible sería un pesquero o un narcosubmarino, que sí usan gasoil. Un volumen así permitiría emprender el viaje de vuelta a Sudamérica tras haber consumado la entrega de un alijo sin ser detectado. A esta tesis se suma el hecho constatado de que, desde hace un tiempo, los semisumergibles tratan de regresar al país del que zarparon en lugar de ser abandonados tras cumplir su cometido, como sucedía en sus primeros años de existencia.

Pero todo este relato carece, al menos por ahora, de consistencia policial en forma de indicios o pruebas que vayan más allá de las sospechas. La propia trayectoria del bateeiro malogrado tampoco ayuda a aportar luz, cuando menos según la información que ha trascendido. Hasta no hace muchos años, menos de cinco, perteneció a un vecino de A Illa que lo vendió para renovar su empresa y adquirir uno mejor y más actualizado. Entonces se denominaba Dous Cartarola. La embarcación ya tenía varias décadas de vida, era de madera y no estaba lista para soportar demasiados esfuerzos. Desde luego, no para navegar en las malas condiciones que dominaban la costa este martes.

Explican desde el sector mejillonero de la ría de Arousa que el barco se vendió para ser trasladado a algún país del norte de África y prolongar así su vida útil, pero ya modificado para dedicarse al pulpo. La incógnita consiguiente apunta a la razón por la que, en realidad, nunca dejó Galicia, y de repente vuelve a la actividad en un día de mal tiempo, con la actividad marítima paralizada desde hace días por la imposibilidad de trabajar, y con 11.000 litros de combustible repartidos en bidones listos para entregar a alguien. Y ese alguien y el medio de transporte que usaba para recoger el gasoil constituyen, por encima del resto, las grandes preguntas que los tripulantes no han sabido, o querido, responder. Otras cuestiones, también por aclarar, implican conocer dónde se compró tal cantidad de combustible y en qué puerto se cargó en el antiguo barco bateeiro sin llamar la atención de nadie.

Depósitos de combustible recuperados del mar en O Grove tras el naufragio de un barco bateeiro.
Depósitos de combustible recuperados del mar en O Grove tras el naufragio de un barco bateeiro. MARTINA MISER

Grave amenaza para la ría

Entretanto, avanzada la mañana, en Meloxo había trabajo que hacer a pie de muelle. La gente de Gardacostas se afanaba bajo el viento y la lluvia en contener las manchas que los bidones de gasoil inevitablemente desprendieron por la noche, al ser recuperados y trasladados a tierra. Poca cosa comparada con la amenaza que el temerario viaje que emprendió el Nuevo Santa Irene supuso para la salud ambiental de la ría de Arousa, el mar más productivo de Galicia. Como mínimo, su naufragio vertió los 1.000 o 1.100 litros que contenía el duodécimo depósito que no ha aparecido. Los equipos que participaron en el rescate calculan que el tanque debió irse al fondo con la embarcación y reventar, vomitando su contenido al agua. A esta cantidad de gasoil se sumó, por pura lógica, los quinientos litros que un barco de estas características consume para navegar. «Iso sumaría uns 1.500 litros que chegaron ao mar, pero o verdadeiramente grave é que se o resto dos que levaban caesen ao mar, Arousa estaríase enfrontando hoxe unha mancha duns doce ou trece mil litros de gasoil altamente contaminante, porque entre que o naufraxio sucedeu coa marea cambiando, os ventos que sopraban e as correntes, todo ese combustible entraría na ría», explica uno de los tripulantes de las naves de emergencia que formaron parte del operativo. Una apreciación importante que no se suele tener en cuenta al abordar los problemas asociados al narcotráfico.

Por lo demás, nadie en el puerto duda de que la misión que los dos rianxeiros y su compañero foráneo se habían impuesto constituía un puro suicidio. «Aínda tiveron sorte de quedar na batea; se chegan a saír así morren coma ratas». Un golpe de fortuna que se sumó a la buena vista del mariñeiro que contempló cómo el bateeiro volcaba y sus ocupantes se encaramaban a una batea, y pudo dar la voz de alarma.

Los GEAS llegaron a Porto Meloxo para inspeccionar el barco bateeiro hundido ayer en la rada de O Grove
Los GEAS llegaron a Porto Meloxo para inspeccionar el barco bateeiro hundido ayer en la rada de O Grove Leticia Castro

Hacia las doce del mediodía, buzos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEA) de la Guardia Civil se trasladaron a Meloxo para tratar de descender al barco hundido y, tal vez, comenzar a desenredar esta particular madeja.