Las galerías de Vigo cierran toda la semana dentro de la campaña para que el arte tenga un IVA reducido

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

Víctor Montenegro, galerista de la galería Montenegro, en Marqués de Valladares.
Víctor Montenegro, galerista de la galería Montenegro, en Marqués de Valladares. M.MORALEJO

«Cuando llevamos artistas a ferias internacionales y competimos con galerías extranjeras, nosotros facturamos al 21% y ellos al 5, 6 o 7%. Claramente estamos en desventaja», señala Víctor Montenegro

03 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En Vigo, como en el resto de España, del 2 al 7 de febrero las galerías de arte contemporáneo están cerradas. Es una protesta silenciosa que reclama al Gobierno que las ventas de arte tributen como cultura y no como lujo, bajando el IVA del 21 % al rango europeo que está entre el 5 y el 7 %. La diferencia es abismal y, para un sector ya al límite, vital para su supervivencia. En Vigo, donde la escena de galerías privadas se ha reducido drásticamente, la medida adquiere un valor simbólico y urgente.

Hoy a las 19.30, el Museo de Arte Contemporánea de Vigo, acoge el coloquio Como flota o aceite na auga, en el que Asunta Rodríguez, directora de la histórica Galería Trinta de Santiago, abordará la importancia de las galerías en el ecosistema artístico, así como la situación actual del sector y los 40 años de trayectoria de Trinta. Para Rodríguez, la protesta refleja una injusticia histórica: «Queremos que se nos considere parte del sistema estructural cultural. Cuando un librero vende un libro aplica un IVA del 4 %, y cuando un galerista vende una obra de arte tiene que aplicar un 21 %. Ese 21 % se aplica a coches de alta gama, joyas o artículos de lujo. Pero la cultura no es un lujo, es un derecho, y esa es la reivindicación que todos tenemos que hacer», explica.

Asunta Rodríguez, de la galería Trinta de Santiago
Asunta Rodríguez, de la galería Trinta de Santiago PACO RODRÍGUEZ

La galerista subraya que las galerías no solo venden, sino que también generan espacios culturales abiertos al público, sufragando todas las exposiciones: «No nos dirigimos únicamente al coleccionista; abrimos nuestras puertas a cualquiera que quiera ver arte contemporáneo en tiempo real, obras que se están creando aquí y ahora. Todo lo hacemos sin recibir ningún tipo de compensación institucional. Por eso pedimos un IVA cultural, no un IVA de lujo, que reconozca nuestro trabajo y nos permita competir en igualdad con colegas de otros países», señala.

Víctor Montenegro, galerista en Vigo, explica la desventaja competitiva: «En París acabo de pagar un 5,5 % de IVA al comprar dos obras. En Alemania pagan un 7%, en Italia 5%, en Portugal 6%. Aquí pagamos 21%, y eso frena las ventas, especialmente en el mercado primario. Cuando llevamos artistas a ferias internacionales y competimos con galerías extranjeras, nosotros facturamos al 21% y ellos al 5, 6 o 7%. Claramente estamos en desventaja». Pablo Pardo, de AF Galería, resume: «Reducir el IVA no es un privilegio fiscal, es proteger la creación, el empleo cultural y la proyección internacional de España. Los países que optaron por un IVA reducido dinamizaron sus mercados y aumentaron la recaudación».

 Difícil aun sin impuestos

Beny Fernández, de Espacio Beny, añade que «es difícil vender obras incluso sin impuestos, pero con un 21% es mucho más complicado. Las galerías son necesarias para que los artistas tengan un espacio donde exponer y nuestro trabajo se valore. Todo ayuda, aunque la situación sea complicadísima». Coincide Sara Pérez Bello, de Apo'strophe.arte.

Víctor Montenegro recordó además que la protesta también implica un cambio de actitud respecto a una práctica habitual del sector: la cesión gratuita de obras a instituciones. Como ejemplo, mencionó el caso reciente de varias obras de Maruja Mallo, cuyo préstamo fue solicitado a su galería sin compensación económica. «Las galerías llevamos años cediendo obras para exposiciones públicas, asumiendo seguros, transporte y riesgos, como si fuera una obligación moral», explica. En este contexto, Montenegro es claro al señalar que durante tres meses no se cederán obras, subrayando que el sector necesita empezar a poner límites: «Si no se nos reconoce como agentes culturales, tampoco podemos seguir actuando como si lo fuéramos solo cuando conviene».

Asunta Rodríguez describe la semana de protesta como un acto de visibilidad y unidad del sector: «No somos mineros ni agricultores, no vamos a cerrar calles, pero somos estratégicos para la cultura. Nuestra labor sostiene la creación artística».