Alberto Covelo, campeón de España en varias ocasiones y referencia de la modalidad artística, regenta D'Xiro en Vigo, la única tienda con taller en el sur de Galicia especializada en este deporte y en hóckey
01 feb 2026 . Actualizado a las 01:19 h.En una ciudad donde los pequeños comercios especializados van cayendo uno a uno, doce años de historia no es poca cosa. D'Xiro es hoy la única tienda de Vigo dedicada en exclusiva al patinaje artístico y al hockey, además de patines en línea, algo de roller derby, skateboards y últimamente, también scooters o patinetes. La tienda no nació como una aventura empresarial al uso. «La monté porque yo fui patinador toda la vida y soy entrenador de patinaje artístico», cuenta Alberto Covelo. El vigués dejó la competición en 1994, pero antes de eso fue campeón de España en varias ocasiones, tanto en modalidad individual como en parejas. «El último año que fui campeón fue en el 92», recuerda. No se bajó nunca de los patines. «Sigo patinando y sigo dando clase», explica.
Cuando él empezó, ni siquiera había tiendas. «Todo se pedía fuera, sobre todo a Barcelona. Aquí no existía nada. Hubo una tienda en la calle Fragoso, pero cerró», recuerda. Así que D'Xiro cubrió un hueco que llevaba años libre, en un momento en el que comprar por internet todavía no estaba tan extendido como ahora.
Aunque desde fuera pueda parecer un deporte minoritario, Covelo aclara que no es lo que parece: «Después del fútbol, el patinaje es de las modalidades con más deportistas. Si juntas clubes de competición, colegios y escuelas deportivas municipales, es una barbaridad de gente». Tanto que, durante un tiempo, el patinaje fue la segunda actividad con más inscritos en las escuelas deportivas de la Diputación de Pontevedra. «El problema no es la gente, son las instalaciones. No hay dónde entrenar», apunta.
A nivel competitivo, Galicia juega en primera división. «Después de Cataluña, es la comunidad con mejores resultados a nivel nacional. Hay campeones del mundo, hay nivel». Sin embargo, sigue siendo un deporte poco visible. «No se ve tanto, pero se practica mucho», asegura.
En la tienda eso se nota. «Lo que más se vende es patinaje artístico, porque es donde hay más practicantes, sobre todo en colegios. El hockey tiene menos peso. En Vigo hay dos clubes. El mercado es mucho más pequeño». Y el roller derby, directamente, es residual.
El patinaje artístico sigue siendo, además, un deporte muy marcado por el género. «Sobre todo lo practican chicas», confirma. Aunque algo está cambiando. «Hay más chicos que antes, pero seguimos hablando de un porcentaje muy pequeño. Un 10 %, como mucho. Mientras el hockey femenino crece, el patinaje masculino avanza más despacio. Las modalidades que eran masculinas están creciendo mucho a nivel femenino, pero no pasa lo mismo al revés», explica el experto.
La competencia en el sector es dura. «La gente viene, se prueba, le explicas todo, y luego lo compra por internet por diez euros menos. Y cuando se les rompe, vuelven», remata sin dramatizar con lógico fastidio. Aun así, su perfil marca la diferencia. «El taller y el trato es lo que no te da internet». Ajustes, cambios de ruedas, botas, mantenimiento... «Eso online no existe», presume. Covelo combina la tienda con su trabajo como entrenador, algo que condiciona incluso el horario. «No puedo vivir solo de la tienda. Los márgenes son muy bajos y todo funciona por volumen, con eso no podemos competir aunque también vendamos online», reconoce. El comercio de calle, así, se convierte en una carrera de resistencia que no va sobre ruedas.
Para quien empieza de cero, también tiene claro el consejo: «Para alguien que no sabe nada, es más fácil patinar en línea. Las ruedas salen por delante y por detrás, te aguantan». El hielo, incluso, engaña. «Es más fácil mantenerse de pie sobre hielo o patines de línea que sobre patines de ejes», afirma.
Los patines buenos siguen viniendo de Italia. «Las marcas punteras son italianas. Es el país que manda en el patinaje artístico», aunque señala que España le va a la zaga. La evolución ha sido enorme. «Antes no había nada. Nosotros íbamos a Barcelona a aprender, traíamos entrenadores de fuera. Ahora hay material, hay técnicos, hay estructura». En su caso, toda esa evolución se resume en una imagen muy concreta. A la par que recuerda que empezó a dar sus primeros pasos rodados con aquellos patines metálicos que se abrochaban con dos tiras de cuero con ojales, los Sancheski, cuenta que su padre llegó a hacerle ruedas en el torno, patines casi artesanales para un niño que acabaría siendo campeón de España y que hoy mantiene una tienda donde se mezclan campeones, escolares, padres primerizos y patinadores que solo quieren no caerse.
Desde el 2014.
Dónde está: número 71 de la calle de Zamora, en Vigo.