La búsqueda de petróleo frente a la costa de Vigo

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO

Embarcación de prospecciones petrolíferas de los años noventa
Embarcación de prospecciones petrolíferas de los años noventa

Entre finales de 1995 y comienzos de 1996, la Xunta impulsó una ambiciosa prospección frente a las Rías Baixas y el norte de Portugal para localizar yacimientos de oro negro, pero los resultados fueron negativos

08 ene 2026 . Actualizado a las 00:36 h.

Sí aparecieron restos de gas natural y petróleo, pero nada que augurase la presencia de un yacimiento rentable en la franja marítima que se extendía desde las Rías Baixas a Figueira da Foz, ya en Portugal. Así lo reconocía la Xunta el 9 de enero de 1995. La operación había costado 500 millones de pesetas y se había realizado a través de la empresa autonómica Galioil, propiedad de la Xunta, en colaboración con otras tres compañías privadas. No era la primera vez que se acometía en Galicia una operación similar. A finales de los setenta y a mediados de los ochenta se realizaron, sin éxito, prospecciones petrolíferas a pocas millas de Vigo.

Se llegaron a perforar cien metros más de los previstos, hasta llegar a 2.850 metros de profundidad, en el sondeo efectuado frente a las costas lusas de Viana do Castelo. A los 1.670 metros se detectó un cambio de fitología en el subsuelo con presencia de formaciones arenosas impregnadas en hidrocarburos líquidos y gas. Tal hallazgo llevó al optimismo entre los técnicos de Taurus, Hope Petróleo y Global Marine, que esperaban detectar entre los 2.500 y 2.700 metros una roca madre o almacén similar al que se explotaba en el Mar del Norte. De haberse encontrado esa roca madre, el petróleo estaría garantizado en más de un 80 %, según explicó después la Xunta. No fue posible tal hallazgo, pese a que se perforó hasta los 2.850 metros de profundidad.

Todo había empezado el 2 de mayo de 1994. Ese día, el Consello de la Xunta, presidido por Manuel Fraga, aprobaba la creación de la compañía Galioil SA, que tenía por objeto la realización de labores relacionadas con la investigación en el terreno de los hidrocarburos líquidos o gaseosos y sus derivados. Con anterioridad, la Xunta ya subvencionaba la investigación sobre la existencia de crudo en la costa Sur de Galicia y Norte de Portugal. En octubre de 1993, el gobierno gallego había suscrito un protocolo con Taurus Petroleum, A.B., Taurus Petroleum, A.B., sucursal en España y Oilexplo España, S.A., a través del cual estas compañías se comprometían a ceder o vender una participación en los permisos de investigación a la entidad o sociedad, pública o privada, que la Comunidad decidiera. Por eso se creo, Galioil, que tenía un capital fundacional suscrito y desembolsado por la Xunta de 350 millones de pesetas. Galioil S.A. estaba adscrita a la Consellería de Industria y Comercio. La aportación del Gobierno autónomo asumía el 50 % de la operación, que se completaba con un 25 % de Oliexpo España y el 25 % correspondía a Global Marine y Taurus, empresas británicas especializadas en prospecciones petrolíferas.

El director general de Industria, Joaquín del Moral, revelaba, el 22 de junio de 1994, que la Xunta ya había aportaba 250 millones de pesetas, aunque la cifra podría llegar a 500 millones, para buscar petróleo en la franja costera que va desde Figueira da Foz hasta Fisterra.

Las expectativas eran excelentes debido a que se había detectado en sondeos previos una geología del subsuelo favorable y restos de petróleo y corales entre 1.700 y 2.500 metros de profundidad. Según explicó en el Parlamento de Galicia Joaquín del Moral, la costa gallega «presenta una sismología idéntica a la del Mar del Norte» por lo que calculaba que había un 15 % las posibilidades de éxito.

Estaba previsto que a partir de agosto de ese mismo año comenzasen las perforaciones de búsqueda del oro negro en dos puntos de la ría de Vigo, otros dos de la de Arousa y uno en la de Noia, además de otros dos en Salmao e Roga I Truta, en las costas lusitanas.

Las prospecciones se retrasaron dos meses, las previsiones de inversión aumentaron y las posibilidades de éxito subieron al 25 %, según explicó el gobierno autonómico. Costarían 800 millones de pesetas. La Xunta ya había aportado 127 millones para acceder a los permisos de explotación y otros 323 millones para los sondeos, con lo que su participación alcanza el 46,2 % a través de la empresa pública Galioil. La americana Challenger sería la encargada de las perforaciones.

El 27 de noviembre de 1995 llegaba a la zona de operaciones, en el área correspondiente a la costa de Viana do Castelo, la plataforma petrolífera Kingsnorth, desde la que se realizarían los primeros sondeos. La expectación en Galicia era máxima. Era mucho lo que estaba en juego. Se decía entonces que la comunidad gallega explotaría el 46 % del petróleo de sus costas y el 30 % de las aguas de Portugal, en caso de que resultasen satisfactorias las prospecciones. De hecho, la Xunta elevó el presupuesto de inversión en previsión de lo que pudiera pasar.

Aquel primer sondeo fue denominado Touro 1. Y fue el último debido a los resultados detectados por la plataforma norteamericana. Días después, Manuel Fraga asumía personalmente, y «a moita honra», toda la responsabilidad en la decisión de invertir 500 millones de pesetas en las prospecciones petrolíferas. «Fíxeno», dijo, «non por mín», sino por la mujer que siega en Roxos y por el emigrante. «Deixemos ós do non que digan o queran», añadió, pero «era a decisión que había que tomar». El responsable de la Xunta aplazó cualquier decisión tanto sobre la realización de nuevas prospecciones como sobre la continuidad de la empresa Galioil. Esta fue disuelta en 1999. Y aunque se habló, tímidamente, de volver a prospectar la costa, ya no se volvió a realizar otra operación petrolífera. Sí hubo una campaña para detectar gas en el Gran Burato, pero esa es otra historia.