Vecinos del barrio vigués de Cabral que viven por debajo de la carretera está preocupados por la seguridad después de tres accidentes
09 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.En el barrio de O Gorxal, en Cabral, los vecinos viven con la mirada puesta en la barandilla que separa sus casas de la avenida Ponte. Ellos están varios metros por debajo de la carretera y temen que, si otro coche pierde el control, acabe cayendo sobre los edificios o sobre la terraza donde se suelen reunir. Ya han sufrido tres accidentes que han deformado la protección, aún precintada por la Policía Local.
«Nunca lo han arreglado. En cualquier momento cae otro coche, sobre un edificio o sobre una terraza que es un punto de encuentro y de convivencia vecinal», advierte Diego, uno de los residentes. Explica que cada vez que ocurre un impacto llaman a la Policía Local, pero «no hay gestión». Y el miedo permanece. Para él, la falta de iniciativas por parte de las administraciones refleja que «el barrio está abandonado como si fuera tierra de nadie».
Ese temor convive con otros problemas que arrastran desde hace años. El más grave, coinciden todos, es un obsoleto saneamiento. Las tuberías y el alcantarillado son los originales de los años cincuenta y están tan deteriorados que las aguas fecales afloran en superficie y llegan a filtrarse en los bajos de algunas viviendas. Manuel Ayala, que lleva más de sesenta años viviendo en el barrio, lo resume así: «Las arquetas, las tuberías de saneamiento, el alcantarillado están hechos polvo». Han tenido que llamar repetidamente a los operarios para desatascar las aguas fecales. Recuerda que «durante años venían y no nos cobraban, pero desde hace unos 15 años ya no es gratis». Detalla tarifas de 231 euros en días laborables y 296 en festivos por una sola hora de trabajo, aunque las dos últimas intervenciones fueron gratuitas.
Ayala explica que O Gorxal depende como urbanización del Instituto Galego de Vivenda e Solo, pero también recibe servicios municipales. Entre ambas administraciones, cuenta, nadie se pone de acuerdo para renovar las conducciones. Solo un pequeño tramo de unos diez metros se modernizó hace años. El resto sigue igual que cuando se construyó. El vecino veterano recuerda que este septiembre se cumplieron setenta años desde la llegada de los primeros residentes y que nada ha cambiado en la red desde entonces.
Filtraciones
En algunos bajos, como el de José Carlos Vilas, las filtraciones han llegado a afectar a su vivienda. La humedad, los malos olores y el deterioro de los materiales son visibles. Es un ejemplo cotidiano del problema que sufren los vecinos sin que llegue una solución definitiva, y que se repite siempre que el alcantarillado se satura.
A ello se suma el estado de las aceras: estrechas, resbaladizas, cubiertas de verdín y plantas que crecen entre las grietas. Hay zonas en las que apenas cabe una persona. «La gente necesita caminar y tener condiciones para ello», recuerda Diego, que insiste en que en el barrio vive mucha población mayor. Algunas aceras, dicen, quedan prácticamente comidas por el matorral, lo que obliga a caminar pegado a las paredes.
También la limpieza brilla por su ausencia. Gloria Martínez explica que el barrendero «no aparece por la zona» y que es ella quien acaba barriendo las escaleras por la acumulación de hojas que caen de los árboles. Dice estar cansada de asumir tareas que deberían corresponder a los servicios públicos y que se repiten día tras día.
En la parte trasera de los edificios, la maleza avanza sin control. Mucha, otra vecina, señala un muro erosionado por la humedad. El subsuelo, afirma, se está deshaciendo y teme que algún día el edificio pueda ceder. La escena, explican, resume el sentimiento general: el barrio parece detenido en el tiempo y en un estado de abandono permanente.
Los residentes recuerdan que pagan impuestos como cualquier ciudadano. «Somos todos contribuyentes y lo que queremos es tener una zona que sea buena para convivir», resume Diego. Lo que piden, dicen, no es extraordinario: que se repare la barandilla, se renueve el saneamiento, se limpien las aceras y se mantenga el barrio.