La despensa provincial que nunca se llena «Aquí no se muere de hambre, pero sí se pasan necesidades»

maría hermida m. h. PONTEVEDRA / LA VOZ PONTEVEDRA / LA VOZ

VIGO

Fernando Infante, voluntario del Banco de Alimentos
Fernando Infante, voluntario del Banco de Alimentos

El banco de alimentos, con almacenes en Pontevedra y Vigo, reparte cada día cuatro mil kilos de productos básicos. Siempre necesita comida y manos voluntarias: «Ojalá viniesen jóvenes»

03 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

A las agujas del reloj todavía les queda un rato para acariciar las ocho de la mañana. Caen chuzos de punta en Pontevedra. Y, a pesar del cambio horario, aún no ha amanecido del todo. La ciudad, pese a que algunos jóvenes ya caminan hacia los institutos, todavía parece no estar puesta. Sin embargo, allá a lo lejos del centro, después de pasar las largas calles Benito Corbal y Loureiro Crespo y al final de una empinada bajada, hay un almacén donde una carretilla mecánica se mueve a toda mecha. La comanda un hombre con peto azul. No es un trabajador. Es un voluntario. Porque este es el almacén del Banco de Alimentos Rías Baixas y ahí no hay asalariados, solamente personas que trabajan por amor a los demás, por solidaridad o porque creen que «la gente no puede pasar hambre sin que se haga nada». Y punto. A Augusto, el voluntario carretillero, un portugués curtido en los mares del mundo y ahora jubilado activo, casi le ofende la pregunta de si todos los días empieza la faena tan temprano: «Vengo a las ocho y a las siete también, cómo no. Aquí hay mucho que hacer», dice. Y, realmente, dice bien.

Porque el Banco de Alimentos Rías Baixas, con almacenes tanto en Vigo como en Pontevedra, se ha revelado como una suerte de fábrica imparable; un lugar de esos que no pueden fallar porque de él dependen entidades benéficas y oenegés de toda la provincia. Le proporcionan alimentos, a través de Cáritas, comedores sociales, iglesias evangélicas y muchas otras entidades a un total de 20.000 personas. Reparten una media de cuatro mil kilos de alimentos básicos cada día. Sí. Cada 24 horas. Para moverlos, seleccionarlos y distribuirlos a las entidades cuentan con una red de voluntarios. Son solamente unos treinta.

Un mes clave para la entidad

¿Hacen falta más? Sí. Se necesitaban manos siempre, máxime ahora, en noviembre, un mes en el que el banco de alimentos se lo juega todo porque los días 7 y 8 tiene lugar la gran campaña anual. Es decir, la jornada en la que se recogen alimentos y donativos en efectivo a pie de supermercados que cubren las necesidades de la entidad de buena parte del año. Para recoger, almacenar y ordenar todos esos donativos hacen falta 2.500 voluntarios a lo largo y ancho de toda la provincia, ya que hay recogida tanto en las tres ciudades, Pontevedra, Vigo y Vilagarcía, como en villas de las comarcas de O Salnés, Ulla, O Morrazo, Val Miñor, Baixo Miño, Condado, Louriña, Caldas y Deza. Dada la necesidad de voluntarios, estos días se están captando ayudantes. Así que, a primera hora de la mañana, el almacén del banco de Pontevedra se trufan las labores de logística, de preparación de paquetes para el reparto de comida del mes de noviembre, con la faena administrativa para apuntar a voluntarios que puedan acudir a la recogida. Pepe, un voluntario que peina canas y que se encarga de echar las cuentas del banco, señala: «Hace falta gente, ojalá viniesen jóvenes hasta aquí, porque nos vendrían muy bien».

Acudir hasta el almacén del banco es entender cómo para llenar las estanterías, que raramente están completas, porque las necesidades siempre son mayores que el número de víveres, hay que sumar muchos granos de arena. La citada recogida anual es una de las principales bazas. Pero no la única. Hay muchos donativos también de empresas y se cuenta con subvenciones de distintas Administraciones como los concellos o la Diputación. Igualmente, se hacen campañas específicas de recogidas de comida en los colegios. Y no faltan tampoco ciudadanos que van al súper y dejan pagado un pedido de comida para que lo lleven al banco.

Completando todo ello están las mermas; la comida sobrante que los supermercados, fruterías o lonjas entregan al banco. Son alimentos frescos que hay que repartir a la velocidad de la luz para que no se estropeen. Esa labor la hacen los voluntarios, que cada mañana, además de ir a recoger las sobras, llaman a las entidades benéficas para que acudan a buscar carne, pescado, frutas o verduras. En ese caso, dos de los voluntarios pontevedreses cuentan que las mermas procedentes de los supermercados han ido a menos: «Las superficies cada vez ajustan más las cantidades y les sobra menos. Si antes de un supermercado traíamos a 200 kilos, ahora no pasamos de 50».

Granito a granito hay que llegar a ese mínimo de 4.000 kilos al día. Aún así, se calcula que solo se da a las entidades benéficas un 40 % de lo que necesitarían.

Hace unos once años, Fernando Infante viajaba en autobús, en Vigo. Entonces, vio un cartel en el que se pedían voluntarios para trabajar en la recogida anual del banco de alimentos. «Apunté el número de teléfono porque de repente me parecía que había encontrado algo que podía hacer. Yo trabajé en la Armada, tuve una lesión y dejé la profesión pronto y estaba buscando algo que hacer, me pareció que ahí quizás podía aportar algo», cuenta. Vaya si aportó. Empezó por ir puntualmente a la recogida de alimentos a pie de supermercado y terminó involucrándose del todo, acudiendo dos días por semana al almacén para hacer labores variopintas. Dice que el banco le dio muchas cosas a él, pero que la más importante es que le abrió los ojos: «Te das cuenta de que en España nadie se muere de hambre, pero sí se pasan muchas necesidades. Hubo una época en la que visitábamos mucho a las entidades a las que donamos los alimentos y te contaban que estaban ayudando tanto a personas sin trabajo como a otras que, aún teniendo un salario, no lograban llegar a final de mes por la subida que había pegado la cesta de la compra».

Fernando tiene ahora 65 años y continúa siendo voluntario del banco. Este mes de noviembre hace jornada intensiva, todos los días de mañana a tarde. ¿Por qué? Porque está tratando de captar voluntarios para la gran recogida. Les llama por teléfono desde el almacén o desde casa. Y dice que acaba teniendo conversaciones entrañables: «Llamas a gente que trabaja y que te dicen que los días de recogida vendrán igual a ayudar cuando acaben su jornada. O también llamas a señoras que por la voz les notas que son ya mayores pero que, aún así, te dicen que acudirán a recoger comida a los supermercados como todos los años. Otras veces haces muchas llamadas y te dicen unos y otros que no pueden venir, y te frustras un poco. Pero en cuanto te dan algún sí ya se compensa todo, la verdad».

Este voluntario hace un llamamiento alto y claro: «Colaborar con una entidad benéfica es una buena forma de sentirse útil, basta con tener algo de tiempo».

1,4 millones

Kilos repartidos al año

Esos fueron los kilos de comida repartidos a lo largo del 2024. La cifra suele ir subiendo.

155 oenegés

Entidades a las que se surte

El banco de alimentos suministra comida a un total de 155 entidades de toda la provincia.

30 voluntarios

En Pontevedra y Vigo

Siempre se necesitan voluntarios para ambos almacenes, en Pontevedra y en Vigo.