Solidarios de barrio

Las iniciativas para ayudar en pequeñas cosas surgen en los vecindarios


vigo / la voz

Para ayudarse no hacen falta grandes gestos. Estos días de ostracismo involuntario también tienen su parte buena. El aislamiento decretado por el coronavirus está haciendo aflorar el lado bueno de personas que ni sabíamos que existían. Pocos en el edificio de la calle Nigrán donde aparecieron hace unos días unos carteles pegados en el ascensor, sabían que Javi y Rodolfo, vecinos del 1º y del 6º, se llamaban Javi y Rodolfo. Ahora ya lo saben todos, como saben también que si alguien necesita algo del quiosco o de la farmacia, que se lo pidan e irán encantados. Debajo de sus nombres han aparecido más. Como ellos han surgido cada día, desde hace ya dos semanas, decenas, centenares de pequeñas iniciativas caseras, de gente con ganas de tender la mano a los que lo tienen peor, por edad, por salud o por otras circunstancias.

Los ascensores están siendo una de las plataformas favoritas para estas redes colaborativas, que son un suplemento lleno de una empatía que escasea en las redes sociales, donde lo que estaba sobrando hace tiempo era la estupidez.

Pero no en otros muchos casos, ya que través de grupos de páginas como Facebook, se pueden encontrar estos días avisos en los que ciudadanos vigueses se ofrecen para múltiples tareas. Incluso antes de que se decretara el confinamiento. Marta fue una de ellas. Se empezó a oler la tostada cuando la Xunta anunció que se suspendían las clases, «pensé en mis sobrinos, que sí tendrían con quién quedarse», cuenta, y pensó en las familias que no tendrían con quién dejar a sus niños. Luego llegaron las órdenes de mantener las distancias, el aislamiento social por decreto, y dejó de tener sentido su generoso gesto, que tuvo más de mil likes y un montón de comentarios alabando su idea.

En el elevador de Camelias 117 hay una amenaza solidaria escrita sobre un bote de hidrogel que alguien ha puesto para compartir, pero advierte: «Si alguien se lo lleva, no pongo más». Y en una semana, nadie se lo ha llevado. Ni en dos.

Los portales son también buenos tablones de anuncios para ofrecer servicios. En un inmueble de la calle Rosalía de Castro, dos farmacéuticos que residen en el edificio han puesto un cartel en el que se ofrecen a llevar a sus vecinos lo que necesiten.

En otros portales no hay carteles, pero hay comunidades tan grandes como las de las torres IFER, las del Club Financiero, que se comunican por grupos de WhatsApp, y si normalmente arden con problemas que hoy nos parecen insignificantes, ahora echan humo con personas que salen de su parapeto tras las puerta para decir: «Eh, aquí estoy y si queréis algo, os echaré una mano encantado». A través de este medio se van sumando vecinos: Alicia, Chiruca, Rosa, Toño, Arantza... la lista crece. El conserje, Manuel, cuenta que hay quien se ha ofrecido hasta para tirar la basura los fines de semana, que él no está. Lo cuenta mientras da de comer a las gallinas más famosas, y seguramente las únicas, del centro de Vigo. «Hasta ellas notan que pasa algo raro. Siempre se para mucha gente a verlas, y sobre todo muchos niños, vecinos de la zona y del colegio García Barbón Y ahora, de repente, nadie», añadiendo que las gallinas están poniendo dos huevos diarios desde el inicio de la alerta. Ya repartió nueve entre algunos vecinos y tiene ya otros cuantos más que sigue dando.

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