Un plan de paz primaria-hospital

Los médicos de los dos ámbitos celebrarán 30 reuniones para pactar mejoras y reducir las esperas, mientras el Sergas lanza el proyecto Canles y pide apoyo a los jefes de servicio del Chuvi


Vigo / la voz

Los próximos días serán claves para imponer la paz en la sanidad de Vigo. El Sergas prepara una maratón de reuniones entre médicos del hospital y de los centros de salud para desbloquear los problemas en las listas de espera que estos últimos vienen denunciando desde la dimisión en bloque de los jefes de servicio de diciembre del año pasado. La docena de doctores consultados en los dos ámbitos coinciden en expresar su esperanza por que las cosas mejoren; aunque varía el grado de escepticismo sobre si esas reuniones servirán para resolver, por fin, la crisis de la primaria.

Este viernes a mediodía, el gerente del área sanitaria reunió a los jefes de servicio de los hospitales Álvaro Cunqueiro y Meixoeiro y, aunque todos ellos son médicos de hospital, les pidió que se centren en atención primaria. Puede parecer un contrasentido, pero el hospital es una pieza clave en el plan con el que Julio García Comesaña quiere cumplir el mandato más urgente que le ha puesto el conselleiro de Sanidade, que es poner paz en la primaria. El gerente les presentó un proyecto bautizado como Canles (en gallego, canales), que busca mejorar la comunicación entre primaria y el hospital. Según les explicó, a partir del día 17 se celebrarán reuniones en las que el jefe de cada servicio del hospital se entrevistará con un grupo de cinco médicos de atención primaria para acordar mejoras. Serán seis días de reuniones en las que participarán 30 servicios del hospital (hay 35) y 15 médicos de atención primaria.

Tratarán de marcar los criterios que deben seguir los médicos de cabecera para derivar los pacientes al hospital, cuándo derivarlos y qué pacientes deben ser preferentes. También se intentarán poner tiempos máximos de espera para determinadas enfermedades. Los médicos consultados avanzan que se abrirá la derivación presencial a todas las especialidades, ya que una queja recurrente de los médicos de primaria es que algunas especialidades no permiten enviar al enfermo en persona al hospital, sino solo la teleconsulta, que es un informe digital y, en función de este, el hospital decide si lo atiende en persona.

El proyecto también recoge que cada servicio del hospital cuente con un teléfono al que los médicos de cabecera puedan llamar desde su consulta si necesitan preguntar algo con urgencia acerca de un enfermo. En los últimos meses se habían generalizado estos teléfonos, pero algunos médicos y pediatras de los centros de salud se quejaban de que no se les respondía; mientras que en el hospital lamentaban que algunas de las consultas fuesen para cuestiones menores.

En Lugo y Ourense se han hecho programas similares y han funcionado, bautizados como Hermes y Pontes, respectivamente. En el caso lucense se ha establecido una vía rápida para cada servicio, que incluye tres o cuatro patologías, de forma que suman un centenar de enfermedades. Las vías rápidas, que en Vigo se reservan para siete tipos de cáncer, consisten en derivar al paciente por fuera de la lista de espera habitual, con el compromiso de que sea atendido en menos de siete días. Pero el área de Lugo tiene 280.000 pacientes, y la de Vigo, 565.000.

«Nos quedó claro que la primaria es la prioridad», dice un médico que asistió a la reunión del viernes con el gerente. No es un comentario inocente. Entre muchos facultativos del hospital ha empezado a extenderse cierto temor a que todos los esfuerzos que el Sergas está poniendo en atemperar el conflicto de la atención primaria provoquen que el Cunqueiro vuelva a la agitada situación que vivió durante su apertura, hace cuatro años, cuando los propios jefes de servicio reclamaron el cese de la gerencia. «Nos costó mucho trabajo que el hospital estuviera bien, pero todavía hay muchas cosas pendientes», recuerda un jefe.

Relaciones complicadas

Las relaciones entre atención primaria y hospitalaria siempre han sido complicadas. «Somos la hermana pobre del sistema», decían al presentar la dimisión los entonces jefes de servicio de primaria, hace casi un año. Es un viejo sentir. Desde el primer momento, los dimisionarios trataron de recabar un apoyo masivo de sus colegas del hospital, sin éxito. Desde el hospital se contemplaba con cierta perplejidad el conflicto. Los médicos de primaria pedían que se derogase la teleconsulta como método único de derivar a pacientes al hospital y reclamaban también poder pedir pruebas para sus pacientes sin que tuvieran que pasar antes por el especialista de hospital. Muchos médicos del hospital siguen sin estar de acuerdo con esto: «Esto no puede ser barra libre», expresa un jefe médico.

El conflicto evolucionó, con la celebración de dos huelgas masivas. Pero en junio, después de que se cuestionase la telemedicina, los jefes de servicio del hospital se posicionaron públicamente con la gerencia, afirmando que el hospital no está bunkerizado, como se criticaba desde primaria. Las relaciones entre los dos ámbitos quedaron tocadas. Solo una semana después el conselleiro cesó a Félix Rubial y nombró a Julio Comesaña, y con ese movimiento empezó una tregua. Se ratificó con una reunión a principios de agosto, entre unos pocos médicos de cada ámbito, más el gerente. Entonces, acordaron retomar la línea del plan estratégico, elaborado dos años antes y dirigido por Comesaña, y sin desarrollar en lo que tiene que ver con la relación primaria-hospital quedó sin desarrollar.

Pero la espada de Damocles del conflicto sigue ahí. Antes de que hayan empezado estas reuniones ya se ha modificado en dos ocasiones la lista de interlocutores que representan a atención primaria, a instancias de los dimisionarios. Las concentraciones de los jueves en los centros de salud siguen y no van a parar, y la situación de sobrecarga podría acabar en los tribunales.

La gerencia buscar tener un documento cuanto antes, con soluciones concretas. Otra cosa es su resultado. Porque las listas de espera son solo parte del conflicto. Cuando dimitieron, los jefes de centros de salud denunciaron también la sobrecarga y la falta de medios. Para la primera, no hay nuevas plazas de médicos. Y la falta de medios sigue igual. O casi: «Bueno», ironiza un exjefe, «el otro día nos enviaron impresoras nuevas...».

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