De Renfe y Adif


Si quieres viajar al pasado, sin recurrir a la computación cuántica, el mejor sistema es el tren. Concretamente, el de Vigo. Para empezar, Renfe ofrece en la mayor ciudad de Galicia un tercio de frecuencias menos que en A Coruña y Santiago. Además, no hay AVE, y se obliga a los pasajeros a un largo desvío por Compostela. La alternativa es la vía del Miño, con el mismo trazado de su inauguración en 1881, que no solo es lenta sino que protagoniza cortes y derrumbes todos los años. Para colmo, pervive en Vigo el peor material rodante que existe en España: los llamados tamagochis, trenes que ya circulaban en los años 80 del siglo pasado, en los tiempos de Naranjito. Podemos sumarle que en Vigo hay dos estaciones: una en Urzaiz sin terminar y otra, una especie de galpón en Areal con las dimensiones de un apeadero de pueblo. Tampoco hay planes para una salida sur que nos conecte con la modernidad, mientras el tren a Portugal es una carraca indecente en la que ya ha muerto gente: recordemos el accidente de O Porriño. A este servicio patético que nos ofrecen Adif y Renfe, hay que sumar sus propias miserias universales. Por ejemplo, la web de Renfe es una antigualla. Es una página con un diseño del siglo XX. Es la vergüenza de las webs ferroviarias de toda Europa. Y, por dar solo otro apunte: ¿Es posible que el tren en Galicia no tenga wifi? ¿Ni cobertura telefónica? ¡Si hasta lo tiene cualquier autobús de Vitrasa!

Así que todo apunta a que este desastre es deliberado, para favorecer su privatización. La alternativa sería que los cargos de Renfe y Adif sean unos cenutrios. No querríamos pensar tal cosa…

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