Impulsó el nuevo hospital pero cree que el nuevo modelo traerá disfuncionalidades
14 dic 2014 . Actualizado a las 13:20 h.Abandona su profesión con una sensación ambivalente. Cayetano Rodríguez Escudero (Puebla de Sanabria, 1949) se jubila el martes como médico de cabecera del Sergas, el organismo que llegó a dirigir cuando se proyectó el nuevo hospital, entre la intensa tristeza por dejar su profesión y el orgullo por haber intentado devolver algo a la sociedad.
-Usted lo ha sido casi todo en sanidad: director de ambulatorio, gerente de hospital público y privado, subdirector del Insalud, secretario xeral del Sergas... ¿Por qué siempre ha vuelto a la consulta de médico de cabecera?
-He tenido oportunidades de no volver y seguir en la gestión, pero la medicina siempre ha sido mi punto de encuentro conmigo mismo y con la profesión. El ser médico me ha aportado mucho y me siento muy afortunado; he intentado devolver lo que la vida me ha dado a mis pacientes.
-El sector parece más crispado que nunca.
-La sanidad está en una crisis permanente, pero ahora, además, está dentro de la crisis del estado del bienestar. Se juntan tres aspectos: la crisis financiera, con los recortes; la crisis de racionalidad, con un sistema ineficaz y costoso porque está pensado para pacientes aunque ahora manda la cronicidad; y la crisis de deslegitimación, con pacientes que no se responsabilización de su propia salud, porque el sistema no tiene canales de participación.
-De eso, parece que lo que hace aflorar el descontento es el primer aspecto, por los recortes.
-Uno de los efectos más demoledores del manejo de la crisis es haber quitado derechos de acceso al sistema. No solo hay recortes económicos sino también de derechos. Se vuelto atrás, al pasar de un sistema sanitario universal a uno de cotizaciones.
-Aparte de la nómina, ¿en qué nota un médico de cabecera los recortes?
-Cuando derivas a un paciente al hospital o le solicitas prestaciones, ves el recorte a través de la mayor lista de espera -provoca que haya más pólizas privadas que antes-, del copago farmacéutico, del transporte de ambulancia. Muchos pacientes tienen que esperar a principios de mes para comprar medicamentos. Por el copago, hay un 19 % de pensionistas que no retiran los medicamentos.
-En Vigo se juntan otras cosas.
-Se une el cambio en el modelo de hospital, que ataca la línea de flotación de las aspiraciones de los profesionales y ciudadanos.
-¿Por qué es malo este modelo?
-Soslayemos el tema ideológico. El edificio del hospital va a ser privado y tendrá su propio gerente. El servicio será público, del Sergas, y tendrá otro gerente. Esto provoca disfuncionalidades asistenciales y aumenta los costes. Los hospitales necesitan reformas cada cierto tiempo, pero estos cambios no los decidirá el Sergas, sino la empresa.
-La Xunta argumenta que permite construir más rápido.
-Pero por haber cambiado de modelo, se ha tardado más sin que el Sergas pidiera indemnización. Se han reducido sus características asistenciales. Hasta en Madrid, que hizo ocho hospitales, han cambiado de modelo.
-Usted mismo, cuando dirigía el Sergas en el bipartito, estudió modelos privados, los visitó...
-Reconozco que al principio no rechacé de plano el modelo. Pero la puesta en evidencia de profesionales que nos hicieron reflexiones sobre lo que significaba y, sobre todo, valorar in situ la experiencia de Madrid, Valencia e Inglaterra nos llevó a descartarlo. Apostamos por hacer el hospital desde la empresa pública SPI, que conseguía créditos a mitad del precio del mercado. El modelo PFI puede valer para otras cosas, pero no para un hospital.
-¿Es necesario un hospital de 1.465 camas?
-La cama es un elemento de planificación sin valor, antiguo. Pero cuando se habla de eso, más que al hecho de que sean 1.500 o 1.200, se refiere a las posibilidades que tiene el hospital.
-En Vigo se hace ese hospital público-privado, se sectorizó la población en dos hospitales públicos y luego en tres con Povisa, se creó una empresa pública como Medtec (ahora Galaria). ¿Ha sido Vigo el laboratorio de pruebas de la sanidad en Galicia?
-No sé si era buscado, pero sí ha sido un crisol de muchas ambiciones y de muchos experimentos que no tienen vigencia. Yo soy autocrítico: la sectorización de la población en los 80 y 90 no se debió hacer, tanto del Meixoeiro como de Povisa. Redujo la masa crítica necesaria para crear servicios de referencia. Vigo perdió oportunidades por la fragmentación, que se podían recuperar con el nuevo hospital. Ahora se quita población a determinados servicios para beneficiar a otra área, Santiago, el nuevo epicentro de la sanidad en Galicia.
-De Medtec no dice nada.
-Yo creo en el modelo Medtec, pero fracasó en su puesta en marcha, porque se convirtió en un emblema político sin demostrar su eficiencia y fragmentando servicios, como radiología.
-También está de acuerdo con las áreas de gestión clínica que impulsa y solo apoya el PP.
-Sí. Hay un debate absurdo y un miedo injustificado. El modelo es un buen punto de partida.