Fran Mosquera trabajaba en el sector naval cuando en el año 2011, de la noche a la mañana, la empresa puntera para la que trabajaba, Gonsusa, se derrumbó debido a impagos. Estuvo cuatro meses buscando dentro de su sector, pero la crisis lo hizo trizas. En ese mismo momento comenzó ya a maquinar y darle forma a la idea que le rondaba la cabeza. Un proyecto para el que solicitó ayuda para emprendedores a la Xunta pero, a pesar de cumplir todos los requisitos, dos años después le comunicaron que no había fondos para subvencionarle. Fran que llevaba «catorce años en lo mismo», tampoco podía aventurarse «en algún tema muy complicado», declara. «Te metes a lo primero que pilles y que veas que no necesitas una preparación específica para ello y surgió esto», sentencia. Esto es haberse convertido en dueño del café D&N, en el número 11 de la calle Hispanidad. Ahora confía en asentarse.