Un monstruo

VIGO

Sigo horrorizado con ese señor de Ribadavia de 52 años que esta semana amputó el pene al perro de un vecino. El can, por lo visto, carecía de pedigrí reconocido. Y merodeaba por su finca intentando ayuntarse con su perra, de raza podenca. Su reacción fue empuñar una navaja y cortarle el miembro al inocente chucho.

Este señor de Ribadavia es, con entera seguridad, un monstruo. Que puede recibir una multa de entre 30 y 15.000 euros. Pero que difícilmente entrará en la cárcel. Jamás nadie en la historia de España ha ido a prisión por maltrato animal. Lo cual no debería extrañar a nadie, en un país donde torturar a los animales es un espectáculo por el que se paga entrada.

No podemos llamar burro a este vecino de Ribadavia. Un burro no haría tan tremenda atrocidad. Tampoco animal, porque lo es, como todos los humanos. Ni cafre, ni salvaje, ni siquiera hijo de puta, porque ninguno de estos falsos insultos, en su significado original, definen nada malo ni comparable a lo hecho por este sádico, quien con toda naturalidad reconoció su acción cuando fue detenido.

El Parlamento gallego nos ha dado esta semana una alegría al iniciar el trámite para endurecer las sanciones por maltrato animal. Ha sido una iniciativa de AGE inmediatamente respaldada por el PP. Como debe ser. Sería terrible hacer politiqueo con algo que afecta a nuestra propia humanidad.

Por desgracia, la reforma dejará fuera a los toros. Es cierto que hay una ley estatal y superior que impide castigar la tortura que se vive cada día en plazas, encierros y correbous catalanes en todo el Estado. Pero puede hacerse, al menos, una declaración institucional en contra. Porque mientras tengamos dos raseros ante el maltrato animal, seguirán apareciendo monstruos.

eduardorolland@hotmail.com