ieciocho meses antes de que se abra la campaña de las municipales podría decirse que va siendo un tiempo razonable para que los candidatos a la alcaldía de Vigo den un paso al frente y hagan ver a la ciudadanía que quieren presentarse, que tienen un modelo propio de ciudad, que saben lo que necesitan los vigueses y que además cuentan con ellos para engrandecer su propuesta electoral. Pero los adversarios electorales de Abel Caballero, de momento, ni están ni se les espera. En el PP confían su suerte al dedo de Núñez Feijoo, agrandando mientras las dudas sobre la conveniencia y garantías de éxito de cualquier opción imaginable. El BNG sigue en su eterna interinidad de caras e ideas haciendo difícil pensar que no vayan a acudir a las urnas a nada más que a intentar mantener su presencia en la corporación. AGE, como tal, apenas existe en Vigo, pese que de la ciudad partieron para Santiago dos de sus nueve parlamentarios. Aquí, al menos, la comunión entre Esquerda Unida y Anova es inexistente, por no decir imposible entre algunos de sus referentes. Y UPyD, por referenciarla en atención a su presencia en las Cortes, todavía no se ha repuesto del conflicto interno que llevó su estructura viguesa por los aires. El panorama opositor es por tanto aún poco atrayente y esperanzador para los que ansían un cambio en una corporación que puede llegar a ser además una de las más atomizadas, al poder sumarse proyectos de candidaturas independientes tanto a derecha como a izquierda, pero aún solo en modo boceto pese a verse espoleadas por el éxito reciente de los outsiders en Portugal.
Eso sí, mientras no hay candidatos firmes, el alcalde hace frente a los irreductibles internos Príncipe y Gonzalo Caballero; Figueroa a los que puedan querer disputarle el puesto; el BNG busca el norte, y AGE el anillo de alianza. Aperitivos a falta de primero platos.
@carlospunzon
El panorama opositor es aún poco atrayente y esperanzador