El meta calvo Capó defendió los colores de Celta y Sabadell en los años 80
29 nov 2011 . Actualizado a las 12:43 h.Este sábado se reencontrarán Celta y Sabadell, dos equipos que no se cruzan desde hace dos décadas. Un portero menorquín, Joan Capó Coll, pasó toda su carrera futbolística bajo la portería de estos dos conjuntos. En la campaña 1979-1980, el club vigués pasaba por un momento deportivo muy malo en el que llegó a tener hasta cuatro presidentes en una misma campaña. Además el portero argentino Carlos Alberto Fenoy se enfrentó al público, por lo que se le impuso una multa de 250.000 de las antiguas pesetas y se le separó del equipo. Ahí es cuando Capó aterriza en Vigo procedente del Sabadell en el que jugaba cedido por el Barcelona.
«Cuando llegué fue un poco duro porque me tocó un descenso a Segunda B que no era normal para un equipo como el Celta. Con Fenoy no llegué a coincidir porque lo tenían apartado. Podíamos habernos salvado que era lo mínimo que nos podían exigir pero descendimos por un punto», rememora el guardameta.
Capó había empezado su carrera en el equipo de su tierra, el
Atlético Ciudadela. A pesar de su 1,74 metros de estatura, su agilidad le llevaba a ser un portero con unas grandes cualidades que no pasaron desapercibidas para los ojeadores del Barcelona que lo ficharon para el primer equipo. Allí llegó a coincidir con Johan Cruyff. «Estuve dos años con él. Me pilló con 18 años, y Cruyff acababa de llegar de Holanda ya muy formado. En mi caso venía de un pueblo como Menorca, con fútbol pero muy pocos entrenamientos, y te cuesta meterte en el fútbol grande».
En la temporada 1973-1974 era el suplente de Sadurní cuando el Barcelona venció por 0-5 al Real Madrid en el Bernabéu. El meta no encontró su sitio en el Barça con el que solo llega a jugar en amistosos y de ahí que pase su primera etapa en el Sabadell antes de irse a Vigo.
El Celta lo ficha para Segunda en propiedad, dicen que por 4 millones de las antiguas pesetas aunque este extremo no llega a confirmarlo. «Fue una cosa entre el Barcelona, Sabadell y Celta. La negociación la llevó el difunto Quinocho. Sé que algo tuvieron que poner pero no sé cuánto».
Capó se encontró con un equipo a la deriva, que terminaría en Segunda B, y por el que nada pudo hacer en los 14 partidos que disputó por ayudar a evitar el descenso. Sin embargo, las dos temporadas siguientes son de éxitos rotundos. El Celta es campeón de Segunda B con Capó como titular, y de Segunda peleando por el puesto ya con Javier Maté. «El ambiente que viví en Vigo fue extraordinario. Ahí nació un hijo mío. He estado 17 años viviendo fuera de casa, pero siempre me he sentido como en casa. Vigo para mí fue como estar en mi hogar».
Curiosamente, la circunstancia de llevar a un equipo de Segunda B a Primera también la vivió posteriormente en Sabadell, aunque él matiza que «no fui yo solo pero con estos equipos lo he vivido todo. Subir, bajar y el arriba y abajo».
Tanto con los celestes como cono los arlequinados, le costó ganarse la titularidad en Primera. En Sabadell, donde vuelve tras pasar cuatro temporadas en Vigo, le cerró el paso Manzanedo, y en 1989, con 36 años, terminaría colgando las botas. «Particularmente me considero más portero de equipo que de estar bajo palos. Allí en Sabadell con Uribarri jugaba muy a gusto pero dentro de la portería ya tienes más problemas».
La afición celeste le conocía cariñosamente como el «porteiro descapotable» por su calvicie incipiente nada al uso con respecto a los melenudos porteros de la época como Fenoy, Maté, o Pereira de los celestes u otros de entonces como Miguel Ángel o Artola. «Unos tenemos poco pelo y otros la nariz más grande», dice entre risas y admite que se hacía extraño porque «era joven y calvo y normalmente los porteros eran más guaperas que yo».
Los equipos en los que siempre se fija son el Celta y el Sabadell. De los catalanes se queda con este año en su vuelta a Segunda empezaron muy bien y valora el trabajo de Carreras que «creo que tiene las ideas muy claras. En esta categoría el apretón hay que darlo en febrero o marzo». De mi «celtiña» se queda con que tendría que estar «mucho más arriba y lleva años sin levantar cabeza».