Antivigués el que no bote


Visto el éxito de la estrategia hiperlocalista que le ha permitido a Abel Caballero repetir en la alcaldía, ya nadie quiere quedarse atrás en calidad y cantidad de viguismo. Cualquier cuestión susceptible de ser interpretada como una agresión exterior lleva a PSOE, y también ahora al PP y un poco menos al BNG, a cargar las tintas para demostrar que no hay nada más vigués que cada una de sus respectivas formaciones.

Pero el juego político librado alrededor de la bandera de Vigo ha traspasado sectores y ha anidado también en el seno de las organizaciones empresariales. El viguismo ha ocupado sesudos debates internos de la Confederación de Empresarios en los últimos días, al hilo tanto del fracaso cosechado en la promoción del aeropuerto de Peinador, como en la duda que se ha instalado sobre el puerto vigués y su incardinación en los núcleos de transporte de primera clase de Europa.

Y una de las conclusiones de los empresarios es que a pesar de que muy pocas veces ha habido una aparente defensa de lo local como ahora, dicho respaldo nunca ha tenido tan escaso resultado. A saber: el AVE llegará a A Coruña en diciembre, y a Vigo no. A Coruña tendrá un enlace directo con Madrid, y Vigo, por lo menos en mucho tiempo, no. El aeropuerto de Santiago crece a la misma velocidad que cae Peinador. El puerto coruñés, el actual -ya no hace falta esperar al exterior- figura en los planos europeos como el principal de Galicia y el de Vigo como secundario. En la cúpula de la estructura bancaria surgida tras la fusión y transformación de las cajas ya no quedan vigueses. Y aún por encima, los presupuestos de la Xunta para Vigo son para echarse a llorar.

Así, que los empresarios, que hacia afuera seguirán defendiendo el viguismo, se han dado cuenta de que la el localismo exacerbado y de confrontación que practica el alcalde, y ha arrastrado a casi todos los demás, no le está sirviendo a Vigo para nada, más bien al contrario.

Será por eso que en un encuentro que se celebró en los últimos días entre Abel Caballero, Julio Fernández Gayoso, José García Costas y José Manuel Alvariño, los empresarios echaron balones fuera cuando el regidor propuso crear entre los cuatro un lobby vigués para repeler los ataques foráneos. Uno de los que allí estaban echó cuenta de los años que entre los cuatro sumaban y, quizás porque hacia afuera no ven a quien con garantías quiera asumir sus respectivos papeles, asintieron con la cabeza y saltaron imaginariamente cuando Caballero les vino a espetar en conclusión algo así como «antivigués el que no bote». Así, que a seguir botando, mientras los demás avanzan.

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Antivigués el que no bote