La bailarina y el actor decidieron convertir sus respectivas compañías en una: A Artística
19 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Olga Cameselle y Alfredo Rodríguez se encontraron hace muchos, muchos años. «Fue una noche viniendo del Kremlin, fíjate tú si hace tiempo», recuerda él. Pero no quedó la cosa en un encuentro afterhours. La bailarina y el actor cimentaron su amistad con una argamasa dura como el hormigón y dúctil como la plastilina. De hecho, hace tiempo que decidieron derribar barreras y compartir formas de creación escénica desde sus respectivas especialidades. «Este espíritu siempre estuvo ahí. Era un camino que iba a converger sí o sí», afirma ella. «Llevamos 20 años acoplándonos, hay una relación de amistad y hermanamiento, para lo bueno y para lo malo», asienten ambos.
Olga, a la que familiarmente se la conoce como Lez, es una de las pioneras de la danza contemporánea en Galicia. En 1996 creó junto a Christiane Boullosa la primera compañía profesional, Dobre Xiro y en el 2003, se refundó como Disque Danza. Por su parte, Alfredo está al frente de A Factoría Teatro desde 1992. Desde entonces han fusionado disciplinas. «Fue tras nuestro primer montaje, Na soidade dos campos de algodón, de Koltés, en un espectáculo para la presentación de un libro de Xabier Cordal en Burela. A partir de ahí ella siempre colaboró con nosotros en dirección de movimiento escénico y nosotros con ella en asesoramiento teatral», apunta Alfredo.
Compartiendo escuela
En el año 2000 abrieron A Artística, un espacio que funciona como escuela y local para sus ensayos y experimentos varios. Al principio se trataba de compartir local, pero ya en el segundo año desarrollaron un proyecto de formación conjunto entre teatro y danza. Además, Dobre Xiro y A Factoría coprodujeron un espectáculo infantil. «En A Artística surge otro punto de encuentro, que es el trabajo conjunto. Antes eran colaboraciones puntuales, siempre con algún punto de investigación común, pequeñas piezas, performances, acciones...». Su trayectoria profesional es también la suya como acercamiento personal. «Convergimos por evolución y también por necesidades», reconocen. «Su socia Christiane, se marcha para Madrid y a la mía, Cristina Domínguez, la nombran directora del CDG. Eso acelera el proceso», explica Alfredo. Pero desde el 2005 comenzaron las coproducciones aún existiendo ambas compañías: Crónicas de días enteiros, Aquí e agora, Menú Vexetal o Castronós, hasta que el año pasado se fusionaron en una sola empresa, una sola compañía que es A Artística.
«De alguna forma las compañías anteriores están ahí, pero para bien o para mal y para no liar más las cosas, decidimos usar un solo nombre, porque comprobamos que despistaba un poco», razona Lez.
En la nueva compañía, A Artística, no hay un elenco permanente. Depende de cada producción. «Sería ideal tener en nómina a un equipo fijo, pero es inviable, Hay un nivel de voluntariado brutal. Dadas las circunstancias, el mal llamado espíritu freelance es el que prevalece», se lamentan. Lo que sí tienen es un equipo habitual de colaboradores como los diseñadores de vestuario de La Canalla o a Salvador del Río, de Teatro de Ningures, en la asistencia técnica e iluminación, que acuden cuando hay una propuesta escénica.
En este momento, aún con cuatro producciones en cartera y proyectos multidisciplinares como el 6x6 en el museo Verbum, continúan con su labor de formación en la escuela, en la que ahora mismo tienen más proporción de adultos que de niños, aunque nunca han estado excluidos.
Alfredo y Olga fundieron sus respectivas compañías en una sola. En la reconversión todo es común. «Lo único que separamos son las clases», cuentan. Alfredo imparte interpretación y Olga, danza, pero también hacen talleres conjuntos. En este momento tienen cuatro montajes escénicos en activo: Alicia & Alicia, Des-memoria-2, Nin contigo nin sin tí y el infantil Señor Mundo, dígame.