1En la inmensa ola de solidaridad con Japón que recorre el mundo desde que la otra inmensa ola, la trágica, devastara el noreste de la isla, son millones las personas que están participando en actos solidarios. En Vigo se hace especialmente visible esa participación en la Escuela Oficial de Idiomas (EOI). El departamento de japonés, a cuyo frente están Saruyi Nishimura y Yerma Harade, no podía (ni quería) permanecer de brazos cruzados, así es que apostó por la movilización.
Explicaba ayer la directora del centro, Cristina González, que más que dinero, que también, lo que pretenden que les llegue a los damnificados por el tsunami es el calor de un gran abrazo colectivo al que, desde el pasado día 24, se han sumado incontables vigueses. Dicho abrazo tiene forma de mercadillo de libros, discos, vídeos... Tiene también forma de pequeñas piezas de artesanía (marcapáginas, broches, collares...) realizadas por los alumnos. Y tiene forma de grullas, docenas de grullas de papel suspendidas sobre el techo, ese animal que, desde aquel otro horror que fue Hiroshima, es para los japoneses un símbolo de paz y de salud.
El mercadillo permanecerá abierto hasta el próximo día 14. Los productos que se exhiben no tienen precio, la aportación a cambio de cada uno de ellos es voluntaria. Eso sí, se ha fijado una cantidad mínima de tres euros. Prueba de la buena respuesta que está tenido la iniciativa es que la recaudación diaria no baja de 400 euros.
Explica Cristina González que su intención es entregar en mano el cheque final a algún miembro de la embajada japonesa en España. Tal vez un buen momento podría ser el ciclo Oriente Express, que se celebrará del 27 al 29 de este mes. A ver.
Sabor a mar
2Abril es el mes del mar en el restaurante Lugrís: ensalada de bonito, tosta con tomate y sardina, carpaccio de bacalao con cítricos, fabes con almejas, arroz de vieiras... Igual el nombre todavía no les suena, pero si les digo que es el restaurante del hotel Beiramar, seguro que ya lo sitúan.
La temperatura acompañaba, así es que ese recorrido gastronómico con vistas al peirao número 3 que ayer tuvimos oportunidad de realizar un puñado de periodistas, resultó doblemente agradable. Y más si los que ejercen de cicerones son el director y el chef de la casa, Manuel Rodríguez y Marc Mora.
Catalán de nacimiento y de formación, Marc ya ha aprendido a querer a Vigo. Ayuda mucho el hecho de que en la decisión de cambiar los aires pirenaicos por los de la ría viguesa influyera el amor o, lo que es lo mismo, Paula, su mujer que no parecía estar dispuesta a pasar más tiempo lejos de su Navia natal.
Descubrió también que no somos de cocina muy elaborada, sino de buen producto y platos de siempre con toque moderno. Tan bien ha aprendido la lección que ha incluido en la carta unos huevos fritos con foie, trufa y crujiente de pan de quitarse el sombrero. Y de chuparse los dedos.