En diciembre de 1851, el puerto vigués recibía un intenso tráfico comercial procedente del sur de EE.UU. y disfrutaba ya de la nueva carretera de la Meseta
12 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Un queche comercial de 249 toneladas, propiedad de Antonio Zulueta, llegaba al puerto vigués a comienzos de diciembre de 1851 procedente de la localidad norteamericana de Charleston. La carga era algodón. Concretamente, 475 balas destinadas a los señores Torréns y Miralda. El buque había empleado 61 días en atravesar el océano Atlántico.
No se trataba de una novedad. El puerto de Vigo, que todavía carecía de muelles, era una de las principales puertas de entrada del algodón sureño de Estados Unidos con destino a la industria textil catalana. Así, también podemos leer en el diario El Áncora la llegada del bergantín San Miguel procedente de Nueva Orleáns con 519 balas de algodón. En este caso, el buque de Mariano Ventura había empleado 60 días en llegar a Vigo.
Trece días más tardó la goleta Prima , de 98 toneladas y perteneciente a Salvador Millet, en cubrir la distancia existente entre Mobile, en el estado de Alabama, y Vigo.
En 1851, el puerto vigués ya era uno de los principales de la península, a pesar de que todavía carecía de las mínimas infraestructuras portuarias. La revista mensual de agricultura señalaba a mediados de ese mismo año que el puerto había incrementado su movimiento mercantil de una forma considerable. Se señalaba que el valor de las exportaciones en el primer trimestre del año había sido de 3.665,726 reales, mientras que las importaciones se situaban en 3.443,213 reales. Curiosamente, la publicación económica afirmaba que, durante ese mismo período, el valor de las mercancías y efectos exportados por tierra había ascendido a unos 7.000 reales. Hacía muy pocos años que los vigueses disfrutaban de la conexión con la Meseta a través de la carretera de Villacastín.
Un pirata que no lo era
Todo este tráfico no pasaba desapercibido para la delincuencia, en este caso, marinera. A comienzos de diciembre, el capitán Gerardo Maristany daba parte en el tercio naval de Vigo del ataque sufrido por su goleta a la altura de las islas Berlenga, en la costa portuguesa. Solo la velocidad y la pericia del capitán mercante impidieron el asalto. «Tuvimos que cambiar el rumbo en varias ocasiones, pero el pirata mantuvo su intención de abordarnos, algo que solo impedimos, atravesando los bajos de la Berlenga grande con grave peligro para el barco», declaro el capitán. El ataque a la goleta Borigna había ocurrió el 23 de noviembre de 1851. El capitán Maristany declaró que el barco pirata estaba pintado de negro.
Días después, se supo que de piratas nada. Se trataba de la goleta Agustina , capitaneada por Manuel Duro. El barco viajaba de Cádiz a Vilagarcía. Transportaba cueros y 47 pasajeros, casi todos soldados licenciados. Debido a los vientos contrarios, el barco se retrasó y comenzaba a escasear el agua abordo por lo que el capitán decidió dirigirse al primer buque que apareciese para pedir agua. Al estar pintado de negro y mostrar tanta gente uniformada abordo llevó a la confusión al tal Maristany que huyó.