La Falperra de Trevi

VIGO

Una señora comentaba ayer en la frutería el reciente viaje de su hija y de su yerno a Roma. «Lo vieron todo y estuvieron en la Falperra de Trevi», proclamó orgullosa. La tendera le reconvino al instante: «Será la Fontana de Trevi?». A lo que la mujer, contestó, resuelta: «Bueno, la llaman Fontana, pero es una falperra».

Atónito ante la charla, pensé en la asombrosa capacidad que tiene esta ciudad para hacer comunes los nombres propios. Hay vigueses que van a Madrid, o a Barcelona, y preguntan por la parada del vitrasa . Porque, lejos de considerar que sea una empresa particular, con su marca comercial, estiman que todo autobús urbano se llama así. Otro tanto ocurría en Matamá, cuando estaba allí el vertedero municipal, en una finca denominada A Parisia. Los vecinos de la zona llegaron a pensar que todos los depósitos de basuras del mundo eran parisias , al punto que yo le he escuchado a muchos comentar el desplome de la parisia de Bens , en A Coruña, o decir que Sogama tiene su parisia en Cerceda. En la misma línea, muchos vigueses se refieren a la madroa de Nueva York aunque quieran ir al zoo de Central Park. A estos ejemplos, se une desde ahora la falperra , en su acepción de fuente ornamental en general.

Estos nombres comunes se suman a nuestro ya conocido dialecto vigués, con nuestras palabras propias. Con toda naturalidad, pedimos en la Plaza Mayor de Madrid que nos traigan unas patatillas , sin reparar en la expresión contrariada del camarero. Cuando nos calzamos unas zapatillas deportivas, vamos convencidos de que llevamos puestos unos tenis , palabra viguesa que tiene una versión en singular: «Llevas desabrochado el teni». En la misma línea, un día escuché a un señor comentar que había estado en «una Cíe». Ante la sorpresa de su interlocutor, explicó que, tras tomar el barco en la estación marítima, solo había visitado «la Cíe del medio». Para visitar las Cíes, hay que pisar, por lo menos, dos.

La palabra jicho , que vale para designar a cualquier sujeto, está ya más que comentada. Como, también, nuestra costumbre de llamar al trabajo chollo , que en realidad significa «ganga, cosa apreciable que se adquiere a poca costa o con poco trabajo», según el DRAE. Esta última expresión es la demostración palpable de nuestro proverbial carácter laborioso.

Como creadores del idioma no tenemos precio. Y tal vez provenga esta costumbre de nuestros ancestros marineros, bien aficionados a desarrollar su propia jerga. Todo el mundo sabe que Capetón , en Cangas, significa Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Como también que, si un marino habla de Antuerpe , se refiere al puerto de Amberes, en Bélgica, denominado Antwerpen en idioma flamenco. El colmo del lenguaje de la mar es exclamar «¡A todo filispi!», para decir que algo va muy rápido. La expresión proviene de la palanca del motor de los barcos, donde aparece «a toda máquina» escrito en inglés: «Full Speed»; esto es, ¡Filispi! .

Desde ayer, añadimos el vocablo falperra ; como la de Trevi, por supuesto.