El nombre de la cosa

VIGO

03 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Alguien debió advertir a Corina Porro de que cometía un error. Cuando la presidenta del puerto quiso hacer una fuente en los silos de la nave de cableros, encargó un costoso estudio técnico, lleno de cifras e ingeniería. Sin embargo, olvidó lo más importante: encargar un nombre. Para su desgracia, creyó que lo fundamental, lo sustancial, eran los números. Pero eran las letras.

El mismo día en que presentó al mundo su proyecto de Fuente Cibernética Multimedia debió darse cuenta de que se equivocaba. O alguien debió habérselo dicho. Porque es imposible que no se tome a chifla algo bautizado con tal nombre.

Para triunfar, Corina tendría que haber presentado la Fuente Julio Verne, o la Fuente Nautilus, o la Fuente Martín Códax? y explicar, posteriormente, que se trataba de una instalación cibernética y multimedia. Pero hacerlo al revés era garantía de provocar el cachondeo de la ciudadanía.

En política, la palabra es siempre más importante que la obra. Y se ve que la presidenta gastó en ingenieros lo que ahorró en filólogos.

Mejor advertido, por lo visto, el alcalde ha decidido llamar a la nueva plaza de la calle Venezuela la Glorieta del Bicentenario. Y, sea cual sea el resultado, el nombre resulta atractivo y evocador. Al menos, se ha ganado con él un margen de tregua hasta que veamos la obra. Por el contrario, si su proyecto se llamase Plazoleta Gigante con Estatua Colorista en el Medio, la hubiese pifiado por adelantado. Y algo así, algo tan tosco, es lo que propuso Porro con su Fuente Cibernética Multimedia.

Un solo nombre, una frase bien acuñada, puede decidir el éxito o el fracaso. Y esto, que es el abecé de la comunicación pública, no lo tuvo en cuenta la presidenta.

Esto, en el mundo de la empresa, es la marca. Carrefour (encrucijada) se llama así porque su primer centro comercial estuvo en un cruce. Si le hubiesen llamado Gran Superficie Donde se Venden Productos a Buen Precio no iría nadie. Es fácil repostar en Repsol, pero sería difícil hacerlo en Refinerías de Petróleo de Escombreras Sociedad Limitada. Tomamos yogur Danone, porque el dueño de la empresa le puso el nombre de su primer hijo, Dan, que hacía el primogénito, «one».

Kodak no significa nada en ninguna lengua, pero a su fundador le sonó bien y triunfó. Nike es la diosa griega de la victoria, emparentada con Palas Atenea. Y hasta la fortuna hace que algunos triunfen: googol es un término algebraico que define un 1 seguido de cien ceros. Alguien lo escribió mal y nació Google.

Rara vez un mal nombre da un buen negocio. Un ejemplo español es la marca de extintores Palma-Peña, surgida de la fusión de dos compañías. Pero esto es un caso extraño. Para desgracia de Corina, su problema es que no pensó en la importancia del nombre. Fuente Cibernética Multimedia era y es una apuesta perdedora.