Trabajan todo el tiempo pensando en el futuro. Trescientos quince gritos diarios les recuerdan que lo importante está aún por venir. Pese a ello, en el colegio Inmaculada de Ponteareas les da tiempo para echar un vistazo al pasado. De ese viaje nacen fotos en blanco y negro, camisas de cuello impolutas y rodillas desconchadas, hábitos hasta los tobillos y carcajadas para los ancestros. Cuando el recorrido implica cien años arrancados al calendario, hay muchas cajas de imágenes acumuladas. Y cualquier momento es bueno para sacarlas a pasear. En el concello del Tea decidieron hacerlo este curso aprovechando el centenario, por lo que se han puesto a recordar. En esos pedazos de fotogramas aparece, el primero, el tudense Félix Rodríguez González . Gracias a su generosidad la parcela y el edificio pasaron a manos públicas, en 1901. Solo existía una condición: que se dedicara a hospital o colegio para niños pobres. Después de un paréntesis sin documentación, en 1910 aparecen los primeros datos sobre su uso: un centro de enseñanza mixto para pequeños sin recursos. En ese entonces, según recuerda la actual directora Rosa García , lo gestionaban las «hermanas francesas», que llegaron provistas de muebles y enseñanzas que repartieron entre los ponteareanos. Las siguieron durante un tiempo una congregación de franciscanas, aunque en la actualidad está regentado por un patronato y todos sus profesores son personal laico.
Si de algo presumen en la capital de la comarca de O Condado, además de antigüedad, es de haber contado cuentos a familias completas, generación tras generación. Prueba de ello es Chus Martínez Pedrera , actual administrativa del centro. «Mi padre y mi madre acudieron aquí. Después lo hicimos mis hermanos y yo. Mientras trabajo aquí acuden mis sobrinos», relata esta incondicional del centro educativo. Lo cierto es que hay pocas familias en el municipio que no tengan algún miembro vinculado al colegio. «Al principio era mixto y los niños incluso quedaban internos a comer y dormir. Luego estuvo dedicado solo a niñas y el Santiago Apóstol se encargaba de los niños. Desde hace quince años es mixto, por las nuevas normas de Educación», recuerda la administrativa desde el colegio. Por esa familiaridad que se desprendía en Ponteareas cuando los 20.000 habitantes parecía una cifra lejana, encontrarse ex alumnos en el concello no es nada complicado. Pese a los cambios actuales, desde el centro aseguran que intentan mantener la misma línea que cuando eran un pequeño centro de estudio. En la actualidad está regido por un patronato conformado por el regidor municipal, el párroco, el juez de primera instancia, un notario, el director del centro, el secretario, el delegado de Educación y el responsable del Anpa en cada momento. El objetivo es que exista representación de todos los sectores que participan en la educación de los pequeños.
Décadas después, el centro ha ido sufriendo cambios. El edificio se ha ampliado para albergar a los 315 niños matriculados en la actualidad. El horario continuo ha permitido retirar el servicio de comedor, puesto que todos los niños terminan sus lecciones a las dos de la tarde. Todo para adaptarse a los tiempos después de un pasado tan prolífico. Entre los actos con motivo de los cien años, el centro ha preparado para el próximo 9 de abril la presentación del libro Colexio da Inmaculada. Cen anos de historia, escrito por la profesora María Jesús Iglesias Veiga tras una trabajosa búsqueda de datos en los archivos. Para preparar la publicación también realizó entrevistas entre las personas que estuvieron vinculadas al colegio durante estos años. La cita será a las 20.00 horas en la sala de fiestas El otro mundo del Tea. A la sesión están invitadas las antiguas directoras pertenecientes a las congregaciones Franciscanas y Vita e Pax y toda la comunidad escolar.