El albergue


Ya sé donde pueden ir a morirse los pobres este invierno: a los chiringuitos de playas. Es cuestión de que se hacinen convenientemente. El calor corporal les permitirá sobrevivir algunas horas más y, de vez en cuando, si tienen hambre, se pueden comer un Frigopié.

Como el Concello concedió los chiringuitos en septiembre, al menos tendrían una función social. Ya que no vendieron una gaseosa durante el verano, ahora salvarían la vida de muchas personas, al tiempo que se daría salida a las existencias. Una bolsa de chaskis puede confortar a un pobre desgraciado, mientras perece de gripe A, B o C, tiritando con los efluvios del vino en tetrabrick.

Abel Caballero debería pensarlo. ¿Por qué no propone esto? ¿Por qué no sugiere como albergue los chiringuitos de playas?

La propuesta no sería más grotesca que pasarse un año discutiendo sobre la Escuela de Hostelería y el edificio de La Gota de Leche. A efectos prácticos, el resultado es el mismo: El abandono de los que nada tienen.

En Vigo, ya han fallecido en la calle 14 transeúntes en lo que va de año. Pero, pese a la tregua otoñal, van a morir muchos más. Y el Concello de Vigo es el único de una gran ciudad que no da cobertura de emergencia a los sin techo.

La responsabilidad es, también, de la Xunta. Supongo que dormirá bien calentito nuestro presidente Feijoo, mientras se hace politiqueo con un tema tan grave. Muy poca humanidad demuestran tener unos y otros.

Porque lo curioso del caso es que la Xunta es una potencia mundial en materia de albergues. Los ofrece gratuitos a los peregrinos en los infinitos caminos de Santiago. Y los pagamos todos, con nuestros impuestos, para que duerma gente que podría costearse un hotel. Sin embargo, no hay un duro para hacer un miserable albergue para los más desgraciados. Para los que se mueren y se seguirán muriendo en la calle.

Sólo unos héroes como los Misioneros Pobres de Teis mantienen aquí una mínima atención a los más desgraciados. Mientras tanto, sin embargo, la Diócesis de Tui-Vigo sigue callada. No se le conoce una protesta o un comunicado para denunciar que no se presta atención pública a los sin techo. Se ve que el señor obispo, como todos los obispos, está muy ocupado fletando autobuses para manifestaciones en Madrid. El bochornoso espectáculo sobre albergue para pobres no le merece ni una declaración.

Por mi parte, reconozco que estoy indignado. Me da repugnancia y vergüenza ajena asistir a este politiqueo idecente y pensar en la cantidad de gente que va a morir en Vigo en los bancos del Plan E.

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