Los faraones enterraban a los arquitectos con ellos en las pirámides para evitar que revelasen los secretos de las tumbas. Esta antigua costumbre practicada por el sabio pueblo egipcio fue recordada ayer como ejemplo de la nobleza de aquellos constructores que seguían adelante aunque les costara la vida, por Celestino Braña, presidente del Colegio de Arquitectos de Galicia (Coag), durante la presentación de la nueva sede de la delegación viguesa, acompañado por Salvador Fraga, presidente de la entidad en Vigo.
Más que hacer una presentación del edificio diseñado por Jesús Irisarri y Guadalupe Piñera en el corazón de la ciudad, los dos directivos colegiales insistieron en la crisis que vive el sector y en apuntar ideas para salir adelante. En cierto modo, los profesionales parecían querer justificar la inversión en un local de medidas faraónicas y explicar las nuevas funciones de esta sede que, lejos de pretender enterrar aún más a los arquitectos sumidos en la debacle actual, quiere ser un vivero de ideas y proyectos que saquen a los diseñadores del atolladero. «La situación es dramática», reconocen. «Cuando leo que el sector turístico se hunde en un 20% pienso: qué suerte», cuenta Braña antes de recordar que la cantidad de trabajos visados por ellos ha descendido por encima del 80% y que la coyuntura no será en ningún caso mejor en el 2010 que ahora. «Hay dos opciones. Paralizarlo todo o buscar soluciones lo antes posible. Nosotros optamos por esta vía». En vez de sumirse en el desánimos, los arquitectos afrontan la crisis con optimismo y según explicó Fraga, el edificio es un símbolo: «A situación é problemática pero ao mesmo tempo, temos diante un reto, un desafío apaixoante, e dende aquí ímos coller folgos», aseguró.
Otros campos con futuro
Los caminos son varios. En su repaso a la historia del arte constructivo, Braña recordó también que los arquitectos no se ocupaban de hacer viviendas hasta los años 20 del pasado siglo, cuando el abandono del campo precipitó el crecimiento de las ciudades. Así que los expertos se plantean volver sobre sus pasos, polarizar intereses y meterse en campos con futuro poco explorados por ellos, como la rehabilitación de viviendas, su acondicionamiento paralelo a la modernidad adaptándolas a las nuevas tecnologías y los criterios de sostenibilidad y ahorro energético, o la recuperación del patrimonio rural. La nueva sede servirá para que la arquitectura aprenda a ensanchar esas vías: «Será un lugar para el conocimiento, la formación, la actualización constante y el asesoramiento profesional».
La sede es la materialización de una operación largamente acariciada, ya que desde hace más de veinte años el colegio aspiraba a acercarse a los vigueses en un espacio emblemático, aunque su anterior hogar estaba situado en el edificio que firmó su colega el innovador Bar Boo, en Marqués de Valladares. La factura ha salido finalmente por 1,8 millones de euros. Parte de ella se afrontará con la venta de las dos plantas y dos sótanos de su antigua casa. El resto, con la hipoteca que irán pagando los colegiados del presente y el futuro. El presidente de la Xunta, Núñez Feijoo, acude hoy a la puesta de largo.