Pocas ciudades del mundo pueden presumir de tener un parque nacional en su territorio. En realidad, tras largas pesquisas, no hay otro ejemplo que el de Vigo, que cuenta en su término municipal con las Cíes, hasta hace un siglo habitadas por vigueses que constituían una parroquia propia: San Francisco de Afora.
Las Cíes son el mayor capital turístico de la ciudad y, sin embargo, parecen poco aprovechadas. Falta un programa específico que combine la estancia en Vigo con el viaje a las islas. Y, sobre todo, seguimos esperando por un centro de interpretación emplazado en la ciudad, que llame al visitante a quedarse con nosotros algunos días más.
Este año, además, viajar a las Cíes se ha convertido en una feria. Agentes repartidos por el muelle de A Laxe abordan al turista con folletos, para promocionar tal o cual compañía. Los precios oscilan entre los 16 y los 18 euros, ida y vuelta. Y, en la ceremonia de la confusión, operan cuatro compañías: Mar de Ons, Illa de Ons, Rías Baixas y Rías Gallegas. Una quinta, Nabia, decidió retirarse el viernes, aburrida de participar en el festival.
Nadie duda que el transporte a las islas es muy rentable. Y que es justa la libre competencia. Otra cosa es determinar si el servicio está bien regulado. Porque, asistiendo a la ceremonia del caos en A Laxe, no lo parece, francamente.
Durante años, las distintas navieras que han operado en la ría aseguraron que los beneficios de Cíes les permitían mantener el servicio regular con Cangas y Moaña, este último deficitario. Y, en los últimos tiempos, asistimos a reiteradas amenazas de suspensión de ambas rutas, de supresión de frecuencias o de cancelación de viajes en fines de semana.
Bueno sería que Xunta y concellos implicados abordasen este tema, antes de que llegue al colapso. Si es preciso hacer un concurso público, y designar a una adjudicataria, con unas tarifas pactadas y una calidad exigible, debe hacerse. Al fin y al cabo, Vitrasa funciona así en Vigo, y a nadie se le ocurre que el transporte urbano de la ciudad lo pudiesen realizar ocho compañías, cada una con sus autobuses propios, sus tarifas y agentes en las paradas: «Si va a Coia, no lo dude: Suba en Autocares Pepiño».
Fracasaron los intentos de regularización realizados por la ex conselleira Caride. Pero no se debe perder un minuto en retomarlos. También, en cursar ante la Unión Europea las gestiones precisas para que el transporte de ría sea considerado servicio público. Porque es útil, porque es ecológico y porque, también, ayuda a mejorar el tráfico de nuestra ciudad.
La inacción, esperar hasta que pase algo, hasta que el problema reviente, no es la decisión correcta, aunque sea la tradicional. A ver si, aunque llegue el verano, vamos pensando en hacer algo antes de que esto se hunda.