Por el pito del Sireno

VIGO

Está visto que, a los vigueses, nos toman por el pito del Sireno. Vamos a tener que resucitar a Aretha Franklin y que venga a Castrelos a cantar Respect. Porque los anuncios de la última semana, relativos a futuras obras en la ciudad, evidencian que las tradiciones perviven y que esta ciudad cuenta más bien poco, o nada, a la hora de planificar nada.

Valga como ejemplo el caso del nuevo hospital. Tras asistir al fabuloso festival de las maquetas, al que tan acostumbrados nos tenía la Xunta anterior, ahora nos adentramos en el proceloso mar de las dudas. El nuevo Ejecutivo gallego dice no encontrar partidas presupuestarias para el complejo de Beade, al tiempo que anuncia que modificará el proyecto. Así que, sin dinero, ni una idea precisa, raro será que las obras comiencen este año, tal y como se había anunciado.

La Xunta desconoce si los trabajos los acometerá la Sociedade Pública de Investimentos (SPI), tal y como estaba previsto. Mientras lo discuten, es probable que las termine ejecutando la "NPI".

Puede entenderse que un nuevo Gobierno, al llegar al poder, estudie los proyectos en marcha y los adapte a su criterio. Y que esto genere algunos retrasos. Pero en esta ocasión vamos camino de batir un récord.

Otro tanto sucede con la planta depuradora del Lagares, sobre la que pesa la amenaza de una multa multimillonaria de la Unión Europea. En este caso, la Xunta no encuentra partidas presupuestarias y especula con negociar un nuevo acuerdo con el Concello y el Gobierno central para saber quién pagará los trabajos. Es obvio que, por este camino, el retraso va a ser de órdago.

En el mismo terreno enfangado sigue también la Ciudad del Mar. Tampoco aquí hay acuerdo ni sobre dinero ni sobre proyecto. Y la ampliación del puente de Rande seguirá siendo la misma ciencia ficción planteada en su día por la conselleira Caride, quien aseguraba que los trabajos los pagaría la empresa propietaria, una sociedad inversora americana hoy sumida en problemas dignos de la General Motors.

La sensación que se transmite, en general, es que ya podemos ir esperando sentados por las grandes infraestructuras anunciadas para la ciudad. Y, para sentarnos, habremos de llamar al «telebanco» inventado por el alcalde. Porque difícilmente encontremos asiento ni en el auditorio ni en la biblioteca estatal, otras dos joyas de ese arte tan vigués de hablar de cosas que no se verán nunca.

En esta situación, no falta el tradicional debate entre políticos, culpándose unos a otros de unos errores que, evidentemente, ya son de todos por igual. Mientras tanto, los vigueses, como siempre, asistiendo al espectáculo, convencidos de que nos toman por el pito del Sireno.