El ejército del general Sarmiento

VIGO

El sector naval sacó el miércoles a la calle a toda su «infantería», mientras mantiene acuartelada a la «caballería» y a la «artillería», dispuestas a arrasar la ciudad la próxima semana. Esto no lo digo yo. Lo dice un portavoz sindical, Ramón Sarmiento, de Comisiones Obreras. Y la frase queda escrita, con letras de oro, en el Parnaso de las «macarradas». Flaco favor le hacen a los trabajadores del metal declaraciones como las del general Sarmiento. «A partir del martes, saldrá el resto del ejército», ha insistido este señor, sin que nadie se haya dignado en desautorizarle. Algo falla si a CC. OO. le parece que se puede amenazar así a toda la ciudadanía, asegurando que sacarán a las calles a una fuerza de combate y destrucción, dispuesta a arrasarlo todo. Puede que las demandas de este año sean justas. Al menos, tanto como las de años anteriores. Cierto que la petición de una subida salarial del 6 por ciento, en la situación de deflación actual, parece descabellada. Pero es obvio que se trata de una posición de partida para negociar. Podría ser, también, entendible que los sindicatos quieran firmar un convenio por un año. A los argumentos de la patronal, que desea un acuerdo bienal, que garantice estabilidad, puede contestarse que la crisis no permite acuerdos a largo plazo. Nadie sabe qué va a ocurrir en 2010. Mucho menos, en 2011. Pero el problema no está en el fondo del asunto. El sector naval está tirando como ningún otro de la economía de Vigo, y buena parte de su éxito es que tenemos aquí a unos trabajadores ejemplares, unos «señores del acero» que para sí quisieran astilleros de medio mundo. Otra cosa, claro, es la forma en que muchos de estos señores se expresan para protestar. No se puede arrasar Vigo un año tras otro por la firma del convenio del metal. No se pueden quemar contenedores, poner petardos de barrena, romper escaparates, reventar paradas de autobús y aterrorizar a la ciudadanía, dejando las calles en llamas. Alguien en CC. OO. debería llamar al orden al general Sarmiento, que nos amenaza con sacar a su «ejército» a la calle. Nada justifica esas manifestaciones de violencia, que ahora sabemos que están perfectamente planificadas, con diversas unidades de las «fuerzas armadas», que van saliendo a la calle, con diferentes órdenes, cuando se le ocurre a este señor, o a otros. Para eliminar suspicacias, confesaré que yo he sido delegado sindical de CC. OO. muchos años. Y, como creo en el sindicalismo, no creo en estas astracanadas. Ramón Sarmiento ha cometido un error. Ha sido un irresponsable. Y debería rectificar sus palabras. Cuando, el próximo martes, Vigo arda por sus cuatro costados, cuando la ciudad vuelva a ser arrasada, al menos ya sabremos el nombre del instigador. El mismo que afirma que tiene un «ejército» acuartelado para incendiar las calles. Malo sería que el metal pierda la simpatía de los vigueses. La ciudad no se merece esto.