La «deuda histórica» es un concepto que, si lo pide Vigo, es localismo, pero si lo pide Andalucía, es un derecho inalienable de los pueblos injustamente marginados. Siguiendo este criterio, el Gobierno acaba de soltarle 1.240 millones de euros a la comunidad de Chaves. Y, para Cataluña, oferta otros 1.400, que al tripartito de Sant Jaume le parecen insuficientes.
Es cierto que, para no ser demagogos, el concepto de marras sólo debería aplicarse a Andalucía. Cuando, a comienzos de los ochenta, se repartieron los dineros para transferencias, la Comunidad del Sur recibió de menos, y acumula un cierto desfase entre los servicios que ofrece y la financiación correspondiente. Otra cosa, claro, es que aquellos lejanos vecinos hayan sido los primeros de la Península en disfrutar del AVE, se les haya puesto Exposición Universal, se hayan multiplicado sus aeropuertos, autovías y universidades, y en resumen hayan recibido un trato exquisito, como corresponde a región tan bien avenida con el poder.
Sin embargo, hace tiempo que el melón de la deuda histórica ha sido abierto. De forma que, lo que fue en principio una justa reivindicación contable andaluza, se ha convertido en moneda de cambio para lo que, si no son favores políticos, lo parecen. Galicia, en este reparto, no ha tenido suerte.
Aquí todo ha llegado tarde, mal y a rastro, y buen ejemplo tenemos en ese AVE que comienzan a horadar Miñoca y Liebre , dos meses después de que le diese al botón de puesta en marcha, con gran pompa, inauguración y boato, la vicepresidenta De la Vega.
Abierta la partida del reparto, algo debería pedir Galicia, y sin duda lo hará, pues es moneda común reclamar «deudas históricas» cuando en Santiago no gobierna quien lo hace en Madrid. En el ínterin, PP y PSOE han batido palmas con Felipe, con Aznar y con Zapatero, eso sí, por turnos, para no cansarse. El BNG, por su parte, ha ajustado su discurso a la conveniencia de ser, o no, socio privilegiado.
En Vigo, que es lo que nos ocupa en esta columna, bien podríamos también pedir «deuda histórica». En esta ciudad, no se ha hecho nada importante desde el puente de Rande. Basta ir a ver la escombrera del auditorio, en Beiramar, para ver ahí la deuda histórica, en toda su extensión. También puedes ir a ver otras entelequias -eso sí, bien maquetadas- en la ampliación de Peinador, la Ciudad del Mar, la Consellería de Pesca, el plan Nouvel o el AVE, en sus variantes por Cerdedo, y por «hacer dedo», que va a resultar ser la definitiva para desplazarse desde aquí.
Pero todo esto, claro, es localismo, regionalismo, victimismo y otros «ismos», proclamados por gente, de unos y otros partidos, que no es que no hicieran nada, sino que, ya lo dicen ellos, es que no lo supieron vender.