¡Arriba periscopio!

VIGO

Vivimos en una ciudad cargada de misterios. ¿Cómo, por ejemplo, se presenta la hermosa plaza de la estación sin que siquiera exista una maqueta? ¡Y qué decir del AVE que ha de llegar a ese mismo lugar en el año 2012, sin que se hayan iniciado aún túneles u obras que avalen tal fecha!

En Vigo, suceden las cosas como en las novelas de Stephen King. Que hay algo raro en el ambiente, solo explicable con un final inesperado. A menos que este desenlace se produzca, la idea que queda en la ciudadanía es que se presentan muchos proyectos y todo apunta a que no veremos ninguno.

Hace ya más de dos años, Abel Caballero presentó un plan para As Avenidas que, además de un formidable paseo, incluía una noria gigante y un monolito de dimensiones ciclópeas. Desde aquel día hasta hoy, nada se ha visto de aquello.

Ahora, llega la formidable estación del AVE y su consiguiente plaza pública, llamada a avergonzar a la del Hermitage, en San Petersburgo, a la de San Marcos, en Venecia, y a la del Zócalo, en México DF. Y, sin embargo, arquitecto y alcalde se presentan en rueda de prensa sin un solo proyecto, ni maqueta, ni diseño, cuya exhibición aplazan para dentro de unos meses.

En la misma línea, es de esperar que, muy pronto, comparezca Caballero con otro arquitecto, Rafael Moneo, para hablarnos de la reforma de la plaza do Rei, no sabemos si en las mismas precarias condiciones que lo del jueves.

Si Caballero, al que considero un entusiasta, no hubiese anunciado aquello del Náutico, con norias y monolitos, yo mismo estaría dispuesto a creerle. Pero, como tiene tal precedente, a mí todo esto me parece menos propio de un Pericles, que de un Pericles de los palotes.

Lo malo de la estrategia del alcalde -que por otra parte me parece un tipo muy cualificado, pero quizás mal asesorado- es que van a terminar haciendo chistes con sus presentaciones. En Vigo, ya conocemos lo que puede tardarse en hacer un auditorio, cuyas obras dicen que ya comenzaron. También vamos viendo como la Ciudad del Mar -formidable prioridad de Touriño- se va quedando en nada. Por no hablar de la Consellería de Pesca que no se mueve de Santiago. Así que, de anuncios, en esta ciudad, estamos ya hasta el gorro.

Me encantaría pensar que, dentro de tres años, todo lo prometido sea una realidad. Que, por un acaso inesperado, por un final novelesco, los proyectos estén terminados, sin que en el ínterin hayamos visto obra alguna. Pero me cuesta creerlo. Abel Caballero se está jugando su credibilidad. Y, francamente, no sé si veré yo el mar por un periscopio. De lo que estoy seguro es de que todas estas obras parecen tan lejanas que no se ven ni con telescopio.