«Antes había barcos bós»

J. Santos

VIGO

José Alvariño, mecánico de los antiguos barcos a carbón del transporte de ría, y José Román, marinero hasta 1997, dicen que no hay negocio para más de una empresa

13 mar 2008 . Actualizado a las 11:27 h.

El servicio de transporte de ría atraviesa de nuevo problemas. A juicio de algunos usuarios y tripulantes, las actuales amenazas, con la liberalización exigida por la UE y las mejoras de los accesos por tierra a Vigo, son las mayores de su larga historia. Carlos Álvarez, el marinero en activo que lleva más años en el servicio de ría a pesar de tener sólo 47 años (estuvo en Marítima de Transportes Freire, en Vapores de Pasaje y ahora en Mar de Ons), afirma: «Ten máis peligro de desaparecer agora que nunca».

José Ulpiano Alvariño Cameselle y José Román Boubeta, ambos jubilados, son dos de las personas que trabajaron en el transporte de ría en los tiempos en que era, prácticamente, el único medio de comunicación entre O Morrazo y Vigo, ya que la alternativa era rodear la ría por Vilaboa y Redondela.

Alvariño, de 82 años, empezó de fogonero, paleando carbón, en Vapores de Pasaje, cuando la naviera era de José Legarda, en 1944. La empresa pasó después a Constante Freire, de quien la heredó su hijo, Rodrigo Freire. Los barcos se abastecían de carbón en lo que llamaban «os pontóns», otras embarcaciones fondeadas que suministraban también a los pesqueros. «Todo era escoria», recuerda Alvariño.

Román, de 69 años, empezó en 1963 y lo dejó poco antes de que Mar de Ons se hiciera con el servicio en exclusiva. Ambos vivieron los conflictos que hubo en Cangas a finales de los setenta , con el casco urbano tomado literalmente por los antidisturbios, y principios de los ochenta, a causa de las subidas de los billetes.

Entonces, dicen, había más servicio que hoy. Alvariño recuerda cuando no sólo existían las líneas de Cangas y Moaña. Había barcos también a Domaio y San Adrián. El, en ocasiones, iba andando desde Cobres a Cangas (casi 20 kilómetros) sólo para ver a sus hijos y regresaba, tras dormir un par de horas, de nuevo a pie, para comenzar la nueva jornada.

«Había barcos bós», dicen. Recuerdan concretamente, el Bahía de Vigo, el Ciudad de Vigo y el Morrazo, con calderas de dos hornos cada uno. Alvariño cita con especial cariño el Alegría. «Sacámoslle o motor que tiña e puxémoslle outro, dun barco de pesca de Constante Freire e andaba como ningún», dice. Eran los tiempos de «La Guapa», como bautizaron los usuarios de Cangas al Villa de Rianxo, un barco con motor de gasóleo que era más bonito que eficaz, al que dejaba en ridículo el Alegría. «Iban á regata para Vigo», dice José Román. Entonces, había servicio cada cuarto de hora. El Alegría, aun saliendo más tarde, llegaba antes a Vigo.

No recuerdan apenas accidentes. Sólo el del barco María Luisa, cuando tocó con unos bajos después de recoger pasajeros en el viejo muelle de Rodeira, que hasta los ochenta se utilizaba en verano para dejar bañistas de Vigo, y tuvo que varar en la playa.

No llevaban radar. Los días de niebla navegaban «ao compás e pitando, cos dous mariñeiros a un lado e outro dos aleros do puente». Entonces, el billete costaba 2 pesetas. Hoy, 1,95 euros.

Más tarde llegó el Illas Ficas, de hierro y más rápido. Fue toda una revolución. Bajó el número de pasajeros al entrar en servicio del puente de Rande. Ahora, dicen, no hay negocio para más de una empresa.