75 barcos de la flota gallega de palangre de superficie son de A Guarda. El sector ha superado otras crisis, pero ninguna tan larga ni profunda como la de ahora.
Las cuentas no fallan y presagian un inminente futuro incierto. «Urgen medidas inmediatas que pongan luz al final de este túnel», señalaba ayer el gerente de Orpagu mientras desde Espaderos se ponían como ejemplo la respuesta de otros Gobiernos, -el de Francia o Italia-, «que han actuado con medidas de choque como la exención de la Seguridad Social o la rebaja de los impuestos». Las dos entidades y, especialmente sus asociados, hacen números, en un año en el que «los precios han caído un 30 por ciento mientras que el coste de explotación más importante, que es el gasóil, subió un 160 por ciento».
Los barcos volverán a casa por Navidad pero algunos lo harán para una larga temporada, según han avanzado ya por este paro forzoso. Cientos de familias de la localidad viven directa o indirectamente del mar, «muchas de ellas hipotecadas y ya sin créditos». Las regulaciones de empleo por cierre para los trabajadores planean ya aún cuando las embarcaciones no han regresado de los caladeros. Nunca hubo una diferencia tan desfasada entre costes de explotación y nivel de ingresos, además, recuerda Conchi Ortega, «somos el único sector que no puede incrementar el precio final del producto».
La moneda parece que cae una vez más del revés. Los afectados denuncian la falta de control sobre el pescado que entra de otros países, «parte de forma ilegal e incluso con otras etiquetas aunque sea pez espada».
Seiscientas familias guardesas, según estas entidades intentan hacer cuentas pero no salen, «el kilo está a 3,5 euros en lonja y el litro de gasóil a más de 0,50».