Giovanella vuelve a tocar balón

VIGO

El brasileño regresó a la competición oficial con el brazalete de capitán del Coruxo después de dos años de sanción por positivo de nandrolona en su etapa en el Celta

11 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La última estación del via crucis de Everton Giovanella se cerró en el estadio ourensano de O Couto, donde el futbolista brasileño reapareció ayer en competición oficial con la elástica del Coruxo.

El ambiente fue atípico para un partido de Tercera División, porque el ex céltico llegó seguido de cámaras de televisión, fotógrafos y reporteros. Todo un destello mediático en el marco de un torneo que no suele levantar tantas pasiones.

Su nuevo equipo partía como favorito ante un Ourense B que pronto se desquició, debido a la presencia de un colegiado dispuesto a robarle el protagonismo al sudamericano a base de tarjetas. Aún así, Giovanella lució con orgullo su brazalete de capitán y pronto se postuló como director de orquesta, junto a Marcos Rodríguez, en la medular de la escuadra de O Vao.

A sus 37 años y tras pasar los dos últimos concentrado en el doble objetivo de demostrar que nunca se ha dopado y, sobre todo, volver a pisar un terreno de juego enpartido liga, las emociones atenazaban visiblemente a un hombre que siempre estuvo bien arropado desde las gradas, a lo largo de su carrera.

Para la ocasión, Everton contó con el aliento cercano de su mujer y sus hijos, así como de aquellos amigos más íntimos que ayer estuvieron otra vez muy pendientes en las gradas del coliseo rojillo. Intentó reproducir ese fútbol que consiste en hacer que parezca fácil manejar el balón en medio campo, con pases cortos, sencillos y sin ningún tipo de alarde más que el de recorrer kilómetros sobre el césped.

A Giovanella le falta ritmo, como cualquiera podría imaginar, pero le sobra también ilusión. Se reconoció satisfecho de jugar al lado de casa, porque se siente vigués, e incluso destacó como positivo el hecho de que los medios de comunicación se ocupen de un poco más de la Tercera División, aunque sólo sea por su presencia en este torneo.

Pese a todo y acusando el cansancio de los 77 minutos que jugó, sobre el campo se le veía contento, afanado en integrarse con el resto de sus compañeros e incluso animando a unos jóvenes rivales cargados de presión por los derroteros que tomó la contienda.

Para el de Caixas do Sul, el contacto con el balón resultó gratificante y su propósito de sentirse uno más dentro del vestuario del Coruxo le hace recordar a buen seguro, sensaciones similares a las que sentía cuando era un fijo en la Liga de las Estrellas. Siempre le definieron como un hombre de equipo, de esos a los que la afición premia por cada galopada.

Atrás han quedado al mismo tiempo los sinsabores, las polémicas y, en especial, esa imposibilidad de mantener su estrecho contacto con el deporte rey. Giovanella clausuró un paréntesis en O Couto y sólo podía sonreir porque vuelve a hacer aquello que más le gusta.