Naturalezas muertas muy vivas

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

19 oct 2007 . Actualizado a las 11:32 h.

Es lo que, a juicio de la directora de la Fundación Barrié, Marta Rey, ha demostrado el coleccionista de arte que ha hecho posible el desembarco en Vigo de una treintena de obras firmadas por Pablo Picasso. Y una cuenta corriente con muchos ceros. Eso no lo dijo Marta Rey, pero parece obvio.

Y es que el coleccionista en cuestión, cuya identidad se guarda como oro en paño, no es sólo propietario de los 32 bodegones que, bajo el título de Naturalezas muertas, pueden contemplarse desde el jueves en la sede viguesa de la Fundación, sino de las 57 que cuelgan desde ayer en la sede coruñesa. La única pista sobre quién puede ser tan afortunado mortal (en todos los sentidos) la ofreció la asesora científica de la muestra, María Teresa Ocaña. Si es que sonreír con cara de complicidad cuando alguien comentó en voz alta «muy amigos tuvieron que ser Picasso y el coleccionista» puede considerarse una pista.

Muy pocas veces (se cuentan con los dedos de una mano cada año y hay años que sobran dedos) un acto cultural suscita tanta expectación como el que nos ocupa. Y no es para menos porque, como reconoció la propia Teresa Ocaña, no es fácil reunir tanta joya y menos desconocida como ocurre con la mayoría de las que hay en Vigo. Sí, casi no se cree, pero aún quedan (o quedaban) cosas de Picasso sin descubrir. Tal vez por eso cuando horas antes de abrirse la exposición tuvo el privilegio de recorrer la sala en solitario sólo acertó a decir «que me muero, que me muero», según confesó.

Con distintas palabras pero con idéntica pasión presentó Marta Rey la muestra al nutrido auditorio. Vino a decir que estamos ante el Picasso más íntimo, ante un puñado de obras personalísimas que un artista guardaría para sí o para sus seres más queridos. Dijo también que precisamente por eso una de las preocupaciones de la Fundación ha sido procurar estar a la altura con el montaje de la obra.

Entre las muchas personas que pudieron constatar que se había superado la prueba, estaban el director del Marco, Iñaki Martínez; el concejal de Cultura, Xesús López; Alfonso Zulueta, Lola Galovart, Modesto Rodríguez Blanco, Maite Fernández Cermeño, Ángel Fernández Presas, Elvira Larriba...

La frase se la he plagiado a Melanie Griffith. Era su forma de expresar en Nacida ayer que hay cosas que no hay términos medios. O nada o todo. Es lo que pasa estos días en Vigo con las cosas del arte. Apenas 24 horas después de que Picasso levantara el telón, ayer lo hizo en el Ifevi Puro arte, otro escenario que tampoco hay que perderse. Curiosamente, también aquí hay obra de don Pablo. Y de Dalí, Y de Miró, Y de Tapies...

Entre los que no se han perdido el pistoletazo de salida estaba Joan Gaspar. Todos conocen su vinculación con el fútbol, pero quizá no todo el mundo sepa que el primer lugar del ránking de prioridades del ex presidente del Barcelona lo ocupa el arte.

No sólo es un buen coleccionista, sino que es el propietario de una galería que lleva su nombre. En realidad, dos, una en Barcelona y otra en Madrid. La primera abrió en 1972 y la segunda en 2003. Según he podido leer en su página web (bendito Internet) suele organizar cinco exposiciones al año y casi siempre realiza catálogo.

Como Joan Gaspar llegó a Cotogrande 24 horas antes de abrirse la feria, entre preparación y preparación de stand, aprovechó para darse una vuelta por el Salón Delicatessen y darse un pequeño homenaje gastronómico. La ocasión lo merecía.

Y casi juntos en el tiempo. Hablo ahora de Óscar Pereiro. El lunes fue el esperado maillot amarillo en unos imaginarios Campos Elíseos y el martes una Honda de 600 centímetros cúbicos en Vigo. En este caso no tuvo que echar mano de la imaginación. Se limitó a plantarse en una tienda del ramo, Moto Pasión para más señas, y a firmar el talón correspondiente. Eso sí, no pudo resistirse a la petición de posar para la foto en el momento de recibir las llaves de Sebas, una de las caras más conocidas de la tienda. Está claro que a Pereiro le van las dos ruedas con y sin motor.

Son las que acaba de cumplir Aloya. El centro inició su andadura el 11 de octubre de 1967 como escuela de secretariado para, 22 años más tarde, incorporar también enseñanzas de hostelería, terreno en el que fue pionera en la ciudad. Seguro que en el acto académico de apertura oficial del curso, previsto para el próximo día 5, se notará que están de celebración. Felicidades.