Pedaleo por los balcones de la ría

Soledad Antón soledad.anton@lavoz.es

VIGO

24 ago 2007 . Actualizado a las 11:47 h.

Organizada como antesala a la de España, está permitiendo a los participantes conocer la ciudad de cabo a rabo. Incluso esos lugares que solemos recomendar de oídas a los turistas cuando nos preguntan por escenarios que no tienen que perderse. Los participantes (más de los que cabría esperar) están aprovechando la oportunidad de convertirse en turistas sin salir de casa.

Ayer fue el día destinado a pedalear de balcón en balcón o, lo que es lo mismo, de pico en pico, con paradas en los parques naturales de Os Pazos, Alba, Beade, Vixiador, A Madroa... Uff, sólo escribir la ruta ya se agota una. Y eso que, a juicio de los organizadores, es un recorrido que puede hacer hasta un niño de diez años. Igual que los tres que aún faltan.

Sepan que si quieren sumarse, sólo tienen que plantarse antes de las once de la mañana en la plaza de América. Eso sí, no olviden desempolvar previamente la bicicleta que duerme el sueño de los justos en el trastero. Más que nada para que no se les note que hace un lustro (o dos) que dieron la última pedalada.

Hoy toca la ruta cultural, con metas volantes en todos los museos de la ciudad, y mañana los mercados y centros comerciales (mira por donde si la bici lleva cestillo hasta se puede hacer la compra). Para el último día se ha reservado el cogollo de la ciudad. En concreto la ruta girará en torno a un triángulo con tres vértices muy definidos: plaza de Compostela, plaza de O Berbés y plaza de la Constitución.

Un consejo para todos los días, no olvidar la mochila con el pertinente avituallamiento si no se quiere pasar lareca, ya que hasta las seis de la tarde no se está de vuelta. Por cuenta de la organización sólo corre el agua y, no menos importante, los coches de apoyo.

Cada año por estas fechas Salvaterra se viste de fiesta. Celebra que sus vinos no tienen nada que envidiar a los de ninguna otra parte del mapa. Miles de personas acuden puntuales a la cita, siempre adobada con numerosos actos ligados al mundo vitivinícola. Por ejemplo el curso que mañana va a impartir Guillermo Campos, director de la revista Consumidores, sobre la iniciación al consumo del vino.

Si están interesados en la materia no tienen más que presentarse, a partir de las 12 del mediodía, en el castillo de Doña Urraca. Explica Guillermo Campos que más que iniciar en la cata, que ya es algo muy visto, lo que hará será ofrecer unas cuantas nociones para que la gente aprenda a leer una etiqueta, es decir el documento de identidad del producto.

Eso sí, dice Guillermo Campos, y dice bien, que esta eclosión que vive el mundo del vino no implica que tengamos que obsesionarnos por entenderlo todo, a no ser que nuestra profesión sea esa. Dice aún más: se impone un consumo consciente y, desde luego, «no caer en el error de tragar todo lo que nos echen». Amén.

Y, pese a ello, sigue despertando nuestra curiosidad. Más de 300 metros de barco son muchos metros, así es que su estancia no pasa desapercibida. Igual que no lo hace su pasaje, ya que aunque una parte considerable del mismo aprovecha las siete horas de escala para visitar Santiago o Baiona, la mayoría de las más de 5.000 personas que viajan a bordo (tripulación incluida), inundan las calles del centro de la ciudad. Como ayer.

La felicitación llega con unos días de retraso, pero llega. Alberto Alonso, ese periodista que entendió la profesión y se apartó a tiempo del día a día, llegó a la atalaya de los 40. Aprovechando tan redonda cifra organizó también una celebración redonda. Bueno, poliédrica, porque menuda noche la de aquel sábado en Santa Cristina. Hubo tanta música (el propio Alberto ejerció de rey del cante) que fue casi un cumpleaños-concierto.

Los invitados remolonearon todo lo que pudieron y más porque no querían irse. No me extraña. Cuando, de repente, se presentó el alba fueron desfilando a regañadientes.