Una familia denuncia que su casera acumula basura y deja ruinoso el piso
28 jul 2007 . Actualizado a las 02:00 h.vigo | Antonio Costas y su esposa María Manuela denunciaron ayer las condiciones infrahumanas en las que viven en un tercer piso del centro de Vigo, en el número 14 de la calle Brasil. Su objetivo es sacar a la luz las graves deficiencias de su vivienda y pedir al departamento de Asuntos Sociais del Concello que les realoje en otra casa más digna con un realquiler asequible hasta que las deficiencias de su actual inmueble sea reparado y rehabilitado.
. También reclaman que el juzgado desaloje a su vecina del piso inferior, de la que dicen que sufre abandono o síndrome de Diógenes, en referencia al filósofo griego que despreciaba los bienes materiales y vivía en un barril.
Estos inquilinos de renta antigua viven desde hace 30 años en el edificio y pagan 90 euros al mes a su casera, la cual reside en las dos primeras plantas del inmueble. A pesar de las condiciones de insalubridad, no se pueden marchar a otro piso alquilado porque carecen de recursos económicos.
Todo empezó hace un año, según ellos, cuando la propietaria no les arregló las goteras, que han llegado a agrietar el techo de su salón, el dormitorio y la habitación de uno de sus dos hijos. Pero hay una cuestión más delicada: debido a su avanzada edad, la dueña, de 70 años, supuestamente, acumula basura en su propia casa, que ocupa los dos primeros pisos del inmueble. «Se dedica a hacer compostaje. Hay bolsas de basura acumuladas hasta el techo, restos de parabrisas o persianas», comentan los perjudicados. Según estos, un amigo de la señora le surte de todo tipo de desperdicios, que traslada en una furgoneta.
Los desperdicios expanden un olor nauseabundo en el portal y los pisos cercanos. Para colmo, algunas grietas recorren el suelo del edificio, que está apuntalado por los dos laterales a causa de distintas obras de excavación en los solares contiguos.
«Puedo acreditar que este edificio está en malas condiciones, a punto de colapsar», asegura un perito judicial que se desplazó ayer al lugar para comprobar personalmente los daños en la estructura y emitir un informe técnico. Éste teme que, a causa de las vacaciones, el juzgado no inicie ninguna acción hasta septiembre. Un período de tiempo que podría resultar largo ante el «riesgo» que corren sus ocupantes. Por el momento, ni siquiera hay un juzgado asignado para examinar el caso.
«No pasamos otro invierno»
El matrimonio inquilino accedió ayer a mostrar a La Voz el interior de su vivienda y los documentos que acreditan las sucesivas inspecciones. La pareja denuncia que la propietaria no ha arreglado el tejado y, desde hace un año, las inundaciones y las filtraciones de agua causan estragos en el techo de repilla, que se pudre y cae a trozos. La pintura está desconchada y las paredes ennegrecidas por la acción de la humedad. «Cualquier día nos viene la placa encima», advierte Costas.
Además, los bomberos tuvieron que sofocar el año pasado un incendio en el portal que destruyó un montón de basura acumulada. Un informe de los bomberos constata que había olor a putrefacción y material de deshecho que suponía un riesgo para la salud.
«Si pudiésemos ya nos habríamos mudado pero soy el único que trabaja y mi sueldo de operario en un astillero no me permite pagar 500 euros por otro alquiler. Tenemos que aguantar aquí porque no tenemos dinero para cambiarnos a un lugar mejor», afirma Costas.
Su mujer añade que «no aguantamos otro invierno; se nos va a caer la casa encima. Todos tenemos derecho a una vivienda digna. Sólo pedimos un sitio donde nos dejen vivir».
Costas tuvo que llegar a denunciar su caso en la prensa con la esperanza de que la Administración le preste mayor atención.
La vivienda en semirruinas fue construida hace 60 años.