Don Paco regresa a la Academia

La Voz

VIGO

La Mirilla

26 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

O trampa, que fue como calificó Francisco Fernández del Riego el inesperado encuentro con un grupo de amigos que se buscaron una disculpa poco habitual para encontrarse con él. El caso es que Antón Pulido tenía prácticamente rematado el retrato de Don Paco que, hace cinco años (ya llovió, dicho sea de paso), le encargó la Real Academia Galega. Se lo comentó, entre otros, a Bieto Ledo y Xosé González y, entre los tres, con la complicidad de terceros, cuartos y quintos, idearon el engaño. Cariñoso engaño, por cierto. En síntesis la cosa consistía en citar a Del Riego en el estudio de Pulido con la disculpa de una última sesión de posado. Así es que cuando llegó y se encontró, además de a los ya citados, a Luis García Mañá, Ernesto Sánchez Pombo, Benigno Sánchez, José Manuel Pérez Bouzada, Barreiro, Carmen Vaquero y Manuel González, amén de una nube de fotógrafos y periodistas, la sorpresa fue mayúscula. En efecto, al retrato le faltaban los últimos toques: los gemelos (ayer lucía unos tostados) y unas pinceladas de azul cobalto en el fondo. De los primeros se encargó el propio artista, pero en los segundos participaron todos. Cada uno con su peculiar y, por qué no decirlo, escaso profesional estilo. Así el lienzo tendrá siempre dos singularidades. La otra es que Pulido reutilizó uno de lino en el que, hace más de 30 años, realizó un boceto a carboncillo de Otero Pedrayo. «Yo quiero una foto de esto», dijo Fernández del Riego, entusiasmado con el inesperado encuentro. «Las que quiera», le dijeron. Será por fotos si, como ya dije, había una nube de cámaras inmortalizando el momento. Además de la instatánea que pedía, Don Paco recibió otro regalo, el pincel con el que se pintó el cuadro. A la hora del brindis (también hubo descorche de cava) el escritor subrayó que se sentía particularmente feliz de que el retrato pasase a ocupar un lugar en la Academia al lado de su admirado Manuel Murguía o de su amigo Carlos Casares. También estaba satisfecho porque el artista supo reflejar fielmente sus rasgos más característicos: frente, labios, pelo y, por supuesto, gafas. Y tan características éstas últimas. Como que, según confesó, luce las mismas desde hace medio siglo. Ya no se fabrican. Pues claro que no. Rompieron el molde. Como con él. 80 cumpleaños Los que también montaron un sarao, en este caso el miércoles, fueron los de Bang & Olufsen. Era su manera de recordar que, en 1925, los jóvenes ingenieros Peter Bang y Svend Olufsen habían iniciado la producción en una granja danesa. La tienda que dirige Noemí Olmedo invitó a sus clientes a lo que denominó viaje a través de los sentidos. Desde luego, los asistentes disfrutaron con todos. Para eso contaban con la colaboración de un cocinero del equipo de Sergi Arola, que preparó una creación gastronómica en directo. Con explicaciones de colores, olores y texturas. Así se comprende que la tienda estuvera de bote en bote, como bien se ve en la foto. Felicidades.