Apostar por un tren de cercanías

| LUIS CARLOS LLERA |

VIGO

A PRINCIPIOS de los años 80 podías estar surfeando bajo el sol de Bakio y en 20 minutos meterte en la nube del Bocho gracias al Eusko Tren Bideak. Vigo no es Bilbao, pero 25 años después podría copiar alguna de sus iniciativas -obviando comparaciones entre museos-. El ferrocarril es, sobre el papel, una apuesta de la Unión Europea y una recomendación encarecida de los libros blancos y de los sucesivos protocolos incumplidos, como Kioto. El centro de Vigo está colapsado por la afluencia de decenas de miles de automóviles. España invirtió durante los año 90 el doble en carreteras que en ferrocarriles. Los trenes que unen poblaciones cercanas se han quedado atrás por falta de modernización. Un transporte ferroviario más rápido y barato que la autopista tendría éxito seguro. Pero se avanza en dirección contraria. Al menos Renfe ha parado alguna de sus decisiones.