Aquí también hay tomate

La Voz

VIGO

M. MORALEJO

La Mirilla Los vendedores del mercado de Progreso sorprendieron a sus clientes al regalarles tomates como medida de protesta

09 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Con el ánimo de que sus manifestaciones no caigan en saco roto y, menos aún, en el olvido, los vendedores del mercado de Progreso pusieron ayer en marcha la maquinaria de la imaginación. Tras empapelar las instalaciones con carteles en los que rezaba el eslogan Aquí hay tomate, los comerciantes obsequiaron por cada compra a sus clientes con una simbólica entrega de este producto. De esta forma trataban de llamar la atención sobre la situación que atraviesa el mercado y denunciar la que, a juicio de los vendedores, puede ser una privatización encubierta de las instalaciones. Sus demandas pasan porque la nueva concesionaria del mercado, en la que en la actualidad sólo se integran cinco vendedores, permita al resto, unos setenta, participar en la gestión. La adjudicataria alega que está en su derecho, como desmostraron los juzgados. Ante los escasos visos de solución, los clientes de Progreso ya se preparan para recibir todo tipo de obsequios, aunque no sean tan significativos. Los que no recibieron tomates, ni mucho menos, fueron Delio Domínguez, Cuchus Pimentel, Omar Acosta y Yuyo. Por el contrario, el improvisado cuarteto de flamenco recibió una sarta de aplausos el viernes por la noche durante su actuación en la sala Manteca Jazz, de la calle Carral. Todo un conciertazo que pocas veces se tiene ocasión de disfrutar en Vigo. Los tomates fueron sustituidos por notas musicales en la inauguración de la nueva sede de la asociación de vecinos Fonte do galo. Al acto asistió la alcaldesa y otros representantes municipales y vecinales. La entidad consigue abandonar el pequeño reducto, en el que apenas podía desarrollar su trabajo, para disponer a partir de ahora de una nueva sede de 200 metros cuadrados, eso sin contar la terraza, de cuatrocientos. Ahora, el Concello tendrá que conseguir otra oficina a los comerciantes del Casco Vello, quienes ya han denunciado que su actual sede, de ocho metros, ajusta un poco en las caderas.