Una flota al pie del desierto

E. V. Pita VIGO

VIGO

E. V. PITA

Reportaje | Diez días en Namibia Los buques-factoría vigueses faenan en los bancos pesqueros próximos a la Costa de los Esqueletos y los empresarios gallegos aumentan sus inversiones en el país africano

06 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

La reciente visita a Vigo del presidente namibio Sam Nujoma, quien ha convocado elecciones para noviembre, ha confirmado la luna de miel entre el Gobierno de Windhoek y los astilleros y las frigoríficas viguesas. Pescanova ya ha anunciado que ampliará su negocio y constituirá una empresa de acuicultura en este país, independiente de Sudáfrica desde 1990. La clave para comprender estas inversiones se halla en el tramo de diez kilómetros de carretera que une el puerto de Walvis Bay con Swakopmund, la Marbella de Namibia. Sobre las dunas asoman una decena de buques-factoría pesqueros, fondeados a pocas millas de la costa, cerca de las colonias de flamencos y la Isla de los Pájaros, famosa por su guano. No es un espejismo; los pesqueros faenan frente a las mismas puertas del desierto. Walvis Bay, antes enclave británico, es el único puerto decente entre Luanda, capital de Angola, y Lüderitz, la zona prohibida que alberga las minas de diamantes. En esta bahía de las ballenas recala la flota austral gallega. Pero de los cetáceos sólo queda el recuerdo. El museo de Swakopmund, un turístico puerto de estilo bávaro donde los africanos hablan alemán, exhibe un arpón y las fotos de los balleneros que esquilmaron esta costa. Cruceiros La buena química entre la verde Galicia y la pedregosa Namibia de paisajes marcianos se debe al mar y al granito. Este país africano tiene su propia versión de la Costa da Morte y de los cruceiros. En la inhóspita Costa de los Esqueletos reposa semienterrado en la arena el casco del Bonne y los restos de otros naufragios. Y en Walvis Bay, el navegante portugués Diego Joao erigió un cruceiro de granito. En la época colonial, el kaiser Guillermo ordenó trasladar la cruz lusa a un museo alemán y devolver una copia... con letras góticas al dorso. En la bahía las cosas van bien: las lujosas urbanizaciones con palmeras y los campos de golf se multiplican al pie del desierto del Namib, el más antiguo del mundo. Pero incluso en medio de la arena, en un recóndito pueblo llamado Solitaire, resuena la música de Enrique Iglesias.