Crónica | En busca de una salida al conflicto del nuevo Balaídos Horacio Gómez no logra que Riera se ponga al teléfono y, con el apoyo de Gayoso, recurre al alcalde para forzar una reunión
03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?l alcalde de Vigo trata de sentar en una misma mesa a los máximos responsables de Celta y Citroën. La misión no es fácil. Ventura Pérez Mariño tiene que hacer de bombero en el fuego cruzado del proyecto del nuevo Balaídos. Es el árbitro que va a decidir el resultado del partido que juegan los equipos de Horacio Gómez y Javier Riera. El problema del regidor municipal es que los desencuentros personales son muy fuertes. El presidente céltico se lamenta ante sus máximos colaborados de que, tras llamar en repetidas ocasiones a su secretaria, el director de la factoría PSA no se pone al teléfono. No lo entiende, sobre todo por la relación amistosa que les llegó a unir y por la línea de colaboración que mantienen ambas instituciones (PSA patrocina al Celta, que lleva la marca de coches en su camiseta). No hay que olvidar que hace año y medio el club le otorgó su insignia de oro a Riera. Gómez espera que Pérez Mariño siente a todas las partes para confrontar los planes del Celta y los problemas que aduce Citroën. Para ello, el dirigente del club de fútbol se ha buscado aliados. El más importante es Julio Gayoso. El director general de Caixanova es socio privilegiado en la operación del nuevo Balaídos. Ha defendido el plan porque entiende que ayudará a regenerar esa zona de la ciudad y porque su repercusión económica puede ser de envergadura. Gayoso parece apoyar la estrategia del Celta de hacerse con patrimonio. Los ingresos con la explotación de un centro comercial de 95.000 metros cuadrados pueden ascender a unos 6 millones de euros al año. Dinero que, una vez amortizada la construcción del estadio nuevo, en el caso del Celta ayudaría a enjugar la deuda del club y a tener liquidez durante casi un siglo (si el Concello cede los terrenos por ese plazo). Pero la oposición de Citroën ha sido tajante. La presencia de Caixanova no fue óbice para que Riera exija que no se ponga en peligro una fábrica que da de comer a medio Vigo. Y punto, no hay más que hablar. La caja prefiere evitar líos y le ha pedido a Horacio Gómez que enfríe el tema y evite la confrontación social. El regidor vigués está en esa misma línea. ¿Es cuestión de tiempo? El Celta ha intentado dialogar con Citroën por varias vías, incluso apelando a otro directivo de la firma. El entorno de Gómez asegura que aquí no hay ningún pelotazo y que el presidente está dispuesto a corregir lo que Riera crea conveniente. No fue así en otras ocasiones. El ex conselleiro José Cuíña le colgó el teléfono al director del centro del PSA en alguna ocasión cuando apoyaba el plan Balaídos. A Javier Riera también le molestó que el ex alcalde, Lois Castrillo, dijese públicamente que Citroën era culpable de parar el proyecto. Pérez Mariño se ha encontrado con un problema muy serio nada más aterrizar en el cargo. El ex juez debe resolver un conflicto que enfrenta nada menos que a dos símbolos de la ciudad. Hasta ahora ha procedido con mucho tacto. Primero firmó una resolución dejando claro que no se hará «nada que perjudique a Citroën» y después ordenó arreglar el estadio para la Champions. Listo.