La eliminación del peaje y la puesta en marcha del plan de basuras son dos de las asignaturas que más se les resisten a los candidatos de Cangas y Moaña
21 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.? Morrazo es tierra de todos y de nadie. Los vecinos no tienen complejo en cambiar de amor político si el último Cupido que les clavó sus flechas en forma de promesa no cumplió su parte del contrato. Prueba de ello es que los bastones de mando de Cangas y Moaña los han usufructuado en las últimas décadas candidatos socialistas, nacionalistas y populares. Éstos quedaron varias veces a las puertas del cielo pero los pactos, por momentos de hasta cuatro en raya, les cerraron el paso. Un buen día de 1999 Xosé Cuiña se puso manos a la obra. Se tomó O Morrazo como una cuestión personal y machacó a los adversarios políticos a base de enterrarlos bajo montañas de compromisos en forma de proyectos. Fueron semanas de hacerse fotos a mazo con Sotelo y Barreiro. Todo valía, desde la vía rápida hasta el pequeño sumidero de la esquina. El caso era acabar con el mando en plaza que tenía el Bloque. Lo cierto es que la estrategia funcionó. Cuatro años después el escenario ha experimentado cambios. Por una parte, los candidatos acumulan algunos granos (el peaje es el que más pica) a los que los vecinos aplican el zoom de cuando en vez para recordar que no han olvidado las palabras de Cuiña, Fraga o Rajoy, entre otros. Pero es que, además, en el patió del PP moañés bajan las aguas revueltas. Los besos y abrazos se han tornado en ganchos directos al hígado. El resultado, un partido dividido y dos viejos colaboradores (Barreiro y Gestido) convertidos en enemigos de siglas. El segundo se ha ido dando un portazo, creando una formación independiente y jurando que no habrá pactos que valga mientras el primero siga en la brecha. Sotelo lo tiene más fácil en Cangas. De todas formas, se enfrenta a cinco listas, de suerte que si no logra el pleno al 15 puede tener dificultades para encontrar pareja. Sea como fuere, a los futuros gobiernos morracenses les esperan algunas patatas calientes. Por ejemplo, tendrán que determinar en qué queda el plan de basuras mancomunado. En cuatro años apenas se ha construido la planta de A Portela, que sigue sin entrar en servicio. Tienen el respiro de que la vía rápida ya cuenta con una piedra, pero la angustia de que en urbanismo o servicios hay mucha tela que cortar. Los cangueses quieren saber que se va a hacer en O Salgueirón y si se va a apostar por seguir recuperando la costa. En Moaña las preguntas resultan más acuciantes, ya que el Concello se encuentra en bancarrota.