Las barreras amanecen destrozadas, el barco de voluntarios choca contra el muelle de Rodas, se produce la segunda evacuación de las islas y hasta la Armada se rinde
17 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«O mar devólveo todo, rapaz», dice el viejo marinero Serafín. Palabra de dios: se escapa el fuel del Prestige, las barreras aparecen destrozadas en las rocas y los voluntarios regresan a Cangas y a Vigo debido al temporal.
Hoy se cumplen dos semanas desde que el chapapote entró en Cíes. La herida sigue sangrando. El fuel ha manchado la mitad del contorno del archipiélago y todos nos tememos que se esconde en la otra mitad, entre las piedras, bajo la arena... «En la playa de Cantareira aún entran galletas », confirma Manuel Delgado. Está de coordinador de Parques Nacionales en las islas. A las diez de la mañana da orden de evacuar. Se espera que el tiempo empeore y nadie garantiza el regreso. Olas de cuatro metros. ¡Ufff! Los voluntarios del Concello vigués empezaban a cambiarse. Aún tenían el susto en el cuerpo, porque el barco casi no pudo atracar. Rompió un cacho del muelle de Rodas.
Se vueven todos juntos en el catamarán. Y los infantes de Marina que empazaron a trabajar en Monte Agudo también se rinden a la evidencia de un mar embravecido. El último en salir (con doce contenedores que llevan más arena que fuel) es un barco de Cesantes que se hace llamar Real Madrid II. Está contratado por Tragsa. Apuesto a que el ídolo de la tripulación es Figo.
Llueve a cántaros. El viento sopla con rabia, del sur. Los barcos succionadores se vuelven a tierra. Sólo algunos pesqueros se asoman al Atlántico a ver si entra la tercera marea negra y parece que no. Se juegan la vida porque les va la vida en ello. Duele toda esta herida. ¡Cómo duele!