«¡É terrible, o fuel non se vai!»

Diego Pérez Fernández
Diego Pérez VIGO / LA VOZ

VIGO

Diego Pérez

A Cantareira, islas Cíes. Nueve de la mañana. El cielo amanece con un azul intenso, pero la playa está totalmente negra. La arena es una gran alfombra que apesta. Carlos, uno de los técnicos de Parques Nacionales, se desespera: «Esto es para volverse loco porque anoche la dejamos algo mejor y ahora la veo peor que el primer día».

10 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Ha pasado una semana desde que el fuel del Prestige tocara la cara norte de las Cíes. Comienza otra jornada de trabajo. Ya que están los militares, pasamos revista: 172 voluntarios, 136 soldados y 81 miembros de Parques Nacionales. En total, 389 personas para hacer frente a (se calcula) más de cuatrocientas toneladas de chapapote. Los marineros decidieron tomarse el día de descanso, para reorganizarse y tramitar las ayudas oficiales. Por eso hoy no parece haber nadie limpiando en el mar. Ya de tarde, nos traen noticias. Algunos pesqueros han salido a comprobar si veían manchas por fuera. Las cofradías de O Morrazo alertan a sus compañeros y por la tarde, efectivamente, ya se ve a algunos incansables cogiendo lo que pueden. Algunos bromean con la expresión galletas para referirse a los cientos de pequeñas manchas que hay por el litoral. Son lasañas: fuel, arena, fuel, arena...

Piedras Carlos Bermúdez, cangués del barco San José III, explica con resignación lo que lleva camino de convertirse en una cantinela: «Sacas e sacas e sacas, e volve aparecer. ¡Isto é terrible, o fuel non se vai!». Y es que hay que verlo, yendo y viniendo con las olas, burlándose de todos de una forma terrible y asquerosa. Triste espectáculo. Pero para amargarse, las rocas. Ayer se iniciaron los trabajos de limpieza entre las piedras que abrigaban las playas de Figueiras en la isla de Monte Agudo o de San Martiño, en la sur. La pregunta surge sola: ¿Quién demonios va a limpiar esto? ¿Cómo? ¿Durante cuánto tiempo? Quien conozca la joya del único parque nacional que tiene Galicia, sabe cómo es el poniente. La cara escarpada de las Cíes, que mira al Atlántico, es un acantilado granítico en el que anidan miles de aves. Es la pregunta que nadie se ha hecho: ¿Quién y cómo va a limpiar esa parte del paraíso? A Jesús Casas, coordinador del operativo que hay en las tres islas Atlánticas, le sale la vena irónica. «¡Tú has visto el oleaje que hay ahí, chaval!», comenta. Traducción: ¿qué pretendes, que alguien no vuelva a casa?

Bolas El periodista tiene que andarse con cuidado porque los ánimos están caldeados. Algunos voluntarios te preguntan si eres de la Televisión de Galicia. A los militares, que hoy visten de blanco, tampoco les han gustado mucho algunos comentarios que los dejan a la altura del betún (de sus botas). Un soldado de Cádiz dice que han venido a ayudar y es normal, pisha , que tarden un poco en cogerle el tranquillo. Ayer, alguna de sus lanchas volvió a embarrancar y el combustible tuvo que quedarse almacenado en la isla. El sistema no es operativo. Veremos mañana.

A mediodía se observan los helicópteros del Galicia haciendo vuelos de reconocimiento, al buque de Rainbow Warrior de Greenpeace fondeando y, en la playa de Figueiras, a varios cientos de personas con trajes amarillos y blancos cubiertos de pies a cabeza. La situación nos trae a la memoria Apocalipse Now o alguna película futurista. Qué ironía. Hace unos meses, en julio, reportajeábamos con orgullo cómo era el flamante décimotercer parque nacional de España. Y sus gentes. Los únicos que pasan aquí todo el año son los guardias forestales de la Xunta. Al charlar con alguno de ellos descubrimos rencor: «Moita propaganda, moita bandeira azul, pero aquí non hai medios para nada». No quieren dar su nombre, por si acaso. Buzos de la cofradía de Cangas estuvieron inspeccionando los fondos marinos y sólo encontraron algunas bolas enfrente del arenal de Figueiras, conocido popularmente como la playa de Los Alemanes. Pero los ecologistas más conocidos en el mundo también bucean. Cuatro miembros de Greenpeace aseguran que hay grandes concentraciones de fuel frente a San Martiño, que aparentemente no estaba muy sucia. Es inevitable. Son amalgamas de hasta un metro de diámetro que se mezclan con la arena.

Adiós En tierra lo saben bien. Entran manchas de hasta treinta metros. El concejal de Medio Ambiente de Vigo, Amador Fernández, dice que al menos es gratificante ver los capazos llenos y constatar que tu trabajo sirve para algo. «O que está claro é que a xente non pode repetir, os voluntarios teñen que rotar porque se non reventan», añade. Al caer la tarde cesa el trabajo. El parte de guerra de hoy incluye 130 toneladas recogias y catorce aves petroleadas. Cuatro de ellas están muertas. Desde Cíes, requiescat in pacem. RIP. Y mañana, más.