Los Piratas, grupo pop-rock vigués Han dado el salto. Los Piratas, un grupo vigués, han cosechado el reconocimiento internacional. Las entrevistas se multiplican. Llegan a la cita con La Voz tras un concierto por tierras españolas: «Es difícil pillarnos juntos, porque cuando paramos en Vigo no queremos ni vernos», apunta entre risas Ivan Ferreiro, la voz del grupo. Creen que la industria musical, pese a la fama, no les ha cambiado: «La diferencia es que ahora tenemos técnicos de sonido. Seguimos haciendo lo que queremos, aunque a veces se nos va la olla».
13 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El éxito provoca quebraderos de cabeza. Uno de ellos son los periodistas, que roban tiempo a golpe de grabadora. Pese a las molestias, Los Piratas conservan el humor, sobre todo si la entrevista es ante las empanadillas de uno de los bares más populares de Vigo. -Con tanta entrevista, estarán ya cansados de las mismas preguntas. -Alguien se inventó la promoción un día y eso hace que los grupos tengan que hablar. Igual que los futbolistas, que poco tienen que decir. -Lo que provocará hastio es la agenda de conciertos. -Todavía no, aún nos queda para acabar hartos. No tenemos mucho por el sur, que es lo más duro. El año pasado nos tocó Levante y Andalucía y acabamos saturados. -Tanto tiempo juntos, estarán pensando ya en el divorcio... -[Risas], No. Pero no son sólo los conciertos, sino que son ya nueve años casi todo el tiempo juntos, con, como mucho, una semana sin vernos. [Continúa Ivan Ferreiro] Yo duermo más con esta gente que con mi mujer. Hemos pasado tantas horas en carretera que la Guardia Civil casi no nos para. -¿Cuál es el sitio más raro en el que han tocado? -Uno en Almonte, cerca de Sevilla, en la caseta del orgullo gay. Era una carpa de lona, con una temperatura de 40 grados a las tres de la mañana. Llegamos y no había ni escenario montado. Estaban allí dos tíos superflacos, muy simpáticos, pero extrañísimos, vestidos como travestis, con un bañador y un pañuelo, no tenían piños... Ese día acabamos tocando para diez personas, entre niños y jubilados. -Con la fama, ¿han llegado las imposiciones de la discográfica? -Sí que es cierto que hay veces que presentas algo y la compañía te pide cambios, buscando algo más homogéneo y reconocible. Con la compañía hay que pelearse, hay que sufrir. Ellos quieren lo mismo que tú, pero de forma distinta. Tienen más miedo, pero desean hacerte millonario y conocido. -¿Han dejado atrás el pop más comercial, el de los saltitos en la pista? -[Risas] No, a lo mejor lo recuperamos. De todas formas, estamos notando que viene a vernos mucha gente por el último disco. Les gusta lo más extraño de todo. Los chavales de ahora buscan cosas cada vez más raras. Tuvimos la suerte de no destacar al principio, y pudimos hacer lo que quisimos durante mucho tiempo. Por eso, tocamos para nosotros. Tiene riesgos, porque a veces se nos va mucho la olla. -La música electrónica, el tecno, la moda latina y sus derivados, ¿están cerrando puertas a grupos como Los Piratas? -Ahora nos toca el turno. No podemos seguir estando ciegos en este país. No es normal que Alejandro Sanz sea número uno y Madonna, que encabeza las listas del resto del mundo, no lo sea. Al final, las compañías no son mecenas para el arte, sino negocios.