Esta semana murieron dos grandes intérpretes, una actriz legendaria, que reinó en los tiempos en que el buen cine se hacía en blanco y negro, Lauren Bacall, la «flaca» de los ojos felinos; y un actor más contemporáneo, cercano y reconocible, pero menos mítico, Robin Williams. El mundo sintió más la pérdida de un hombre capaz de hacer pensar y reír. Y lo expresó de forma meridiana en las redes sociales. Lo evidencian las estadísticas de clicks, tuits, retuits y demás indicadores que recogen sitios como Topsy.com. También la carga sentimental que pusieron muchos los nacidos en la segunda mitad de los 60, en los 70 y en los primeros 80 en sus mensajes.
Hombres y mujeres de esas generaciones habían visto y se habían emocionado con las grandes interpretaciones de Williams en los 90. Entonces eran jóvenes o adolescentes. Ahora les duele que el hombre que encarnó al profesor Keating en El club de los poetas muertos se quitara la vida. De forma espontánea provocaron un terremoto en las redes. Son los actuales reyes de Internet y pueden repetirlo cuando quieran: cuando algún contenido (noticia, vídeo, campaña...) les toca la fibra se convierte en oro. Lo saben las grandes marcas, las agencias de publicidad y los medios. ¿Cuánto tardaremos en ver un viral que aluda al carpe diem?