El replicante del banquillo de al lado

Aritz López Garai, técnico del Numancia, pasó de jugar en el Reus a las órdenes de Natxo González a asumir su puesto y su ideario cuando este lo dejó para irse a entrenar al Zaragoza

P. Barreiros

Para Rick Deckard detectar un replicante era cuestión de empatía. Una serie de preguntas permitían al cazador de Blade Runner confirmar que estaba ante una copia. El sábado, en Riazor, resultará más sencillo. Bastará con esperar a una falta lejana. Si el rival instala «el doble muro», no falla: lo dirige un imitador de Natxo González. Así se refiere Aritz López Garai al método de defensa de acciones a balón parado. «Es curiosa y nosotros también la hacemos -admite el entrenador del Numancia-. Cuando llegué a Reus y vi que la implantaba y la hacía me dije: “Pero si somos muchos metidos en el área, aquí hay mucho peligro”. Pero luego cuando la vas trabajando y viendo que el rival no te acaba haciendo mucho peligro, que tiene la tentación de tirar un balón muy tocado a esa zona, porque piensa que cualquier peinada puede ser un problema, pero no acaba de encontrar el golpeo exacto, porque hay mucha gente... Al final la estrategia es que todo el grupo de trabajo y los jugadores crean en algo y llevarlo a cabo. En el Reus creíamos firmemente en lo que nos decía».

Porque Natxo y Aritz coincidieron en el conjunto catalán por voluntad del actual entrenador del Dépor. «Había contactado alguna vez conmigo y con mi agente para ficharme en otros equipos, pero donde finalmente coincidimos fue en el Reus, en el año del ascenso desde Segunda B», explica López Garai por teléfono. «Jaume Delgado se retiró por problemas de corazón y vimos la oportunidad de traerlo como reemplazo», redondea Natxo González sobre la primera vez.

El capricho del míster rindió de inmediato: «Formaba el doble pivote con Folch (centrocampista que ahora milita en el Oviedo). Entendía muy bien el juego y era un líder en el vestuario». Condiciones propicias para el salto del césped al banquillo, aún en edad prematura. «Pasó el tren en el momento oportuno. El propietario del club quería dar continuidad al proyecto una vez que yo me fui y aunque él quería seguir jugando entendió que la oportunidad era muy buena», relata el entrenador blanquiazul acerca de la conversión de su pupilo. Las similitudes son apreciables más allá de la estrategia. «Su juego de ataque está basado en la posesión», apunta Natxo antes de reconocerse satisfecho «cuando ves que algunos de los jugadores que vas teniendo demuestran que creen en lo que les decías».

Lo hace López Garai: «Llegué en una época en la que te dices ‘‘voy a disfrutar’’, y piensas que puede ser un entrenador más; pero no es uno más, me marcó muchísimo para mi faceta de entrenador y para coger sus mejores cosas».

«Llevaba muchos entrenadores en mi carrera, aunque siempre vas con interés de conocer uno nuevo. Y resulta que ves que te aporta muchísimas cosas, que otros entrenadores no te lograron aportar y él sí lo consigue -profundiza el técnico del Numancia-. Siempre diré de Natxo que tácticamente, en entender el juego y buscar automatismos a la hora de jugar, es un número uno o me parece un número uno. Lo pude vivir como jugador y luego me ha servido en muchas partes de nuestro equipo, en cómo yo entiendo el fútbol en gran parte, los conceptos tácticos que me inculcaba cuando era jugador me los fui quedando para mí y la verdad que estoy muy contento».

En el aprendizaje pesó algo más que la relación técnico-jugador. El interés demostrado por el futbolista cuajó en varias charlas sobre el juego. «Cuando uno tiene pasión por lo que hace, se nota y es lógico que genere más interés», razona el ocupante del banquillo del Deportivo acerca de las frecuentes conversaciones mantenidas con su próximo rival.

Relevo consumado

La etapa formativa se prolongó durante temporada y media de ascenso y holgada permanencia antes de un adiós con reacción en cadena que López Garai recupera así: «Con Natxo tenía una relación cercana y mantengo una relación cercana, y cuando se fue a Zaragoza lo único que hago es felicitarle, creo que se lo merecía y que daba un gran paso adelante. Yo tenía contrato como jugador y me despido de él como jugador. Y dos días después, yo sin saber nada de nada, cuando el club me comunica si quiero ser entrenador, le escribo un mensaje y él también se sorprende y me desea la mejor de las suertes. Comienza una andadura completamente diferente para mí».

La sintonía perduró y ya el curso pasado hubo doble reencuentro. El Reus de Aritz empató en ambas ocasiones con el Zaragoza de Natxo, el equipo del paso previo a recalar en Riazor. «Le felicité cuando firmó por el Dépor, aunque ahora hablo más habitualmente con Yván, el entrenador de porteros que coincidió conmigo el año pasado en el Reus ?apunta López Garai?. Con Natxo no he hablado directamente en estos meses porque al final los dos estamos muy liados, pero el sábado me encantará verle y saludarle». Será antes de ocupar el banquillo de al lado. El del replicante.

«Se notaba que Natxo confiaba completamente en Aritz»

En el Reus milita un amigo de Domingos Duarte que sobrevivió primero a Natxo y después a López Garai. El portugués Ricardo Vaz comenta cómo el salto del actual entrenador del Numancia se veía venir: «No esperábamos que se diera tan pronto, pero estaba claro que iba a acabar en un banquillo. Se notaba en su interés, en cómo leía el juego. Era muy inteligente. Y en su pasión por el fútbol. Lo vive mucho. Le gusta. En eso es muy parecido a Natxo».

Y no solo en eso. «El estilo de los dos se parece bastante, aunque a Aritz le gusta llevar más la presión al campo rival, se enfoca más en una intención de ataque», analiza Vaz. La similitud en las acciones a balón parado sí es completa, según asegura el futbolista portugués que vivió el momento en que Natxo empezó a desarrollar su fórmula: «Fue en el último año en Segunda B, creo. Nos estaban haciendo muchos goles y buscábamos cómo mejorar. Nos reunimos todos, hablamos y decidimos que esa podía ser la mejor solución. Y lo fue. Casi no encajamos. Uno o dos goles máximo. Desde el principio nuestro portero se sentía más cómodo así».

No es que el actual entrenador blanquiazul fuera siempre permeable a discutir sus métodos, pero tampoco fue aquella la única vez. Hay otra que viene a la cabeza de Vaz: «Recuerdo un día antes de un partido contra el Mirandés. Natxo llegó al entrenamiento y nos dijo que había dos maneras de afrontar el partido y que él prefería una. Nosotros elegimos la otra y fue la que se hizo. Al descanso íbamos perdiendo, así que aquello se acabó. Cambiamos a su manera y logramos empatar».

López Garai fue titular en aquel partido, como en casi todos a las órdenes de Natxo. «Se notaba que confiaba completamente en Aritz», sostiene el atacante luso, que aquel verano perdió un compañero y ganó un nuevo entrenador.

«Acababa de ser jugador y se notó. La relación con el vestuario era más íntima. En mi caso, muy estrecha. Se portó increíblemente bien. Sufrí una lesión grave y pasé casi todo el año fuera. Él venía a hablarme cada día durante la recuperación. Me hacía sentir parte del grupo y al final, con estas lesiones tan largas, eso es fundamental. En la última jornada hasta me dio el caramelo de jugar diez minutos». Fue justo antes de irse al Numancia que el sábado juega en Riazor.

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