El Dépor más parecido a Alcorcón salvó un punto en Almería. Cuando el partido moría un misil de Fede Cartabia brindó un empate (1-1) que supo a gloria a un equipo atragantado de principio a fin. Los coruñeses, flojos y peleados con el balón, nunca hallaron el ritmo de un partido que les supo a cicuta, que se disputó de la manera que quería un rival esforzadísimo y con las ideas muy claras en las dos áreas. Enlazaron así su tercer empate consecutivo a domicilio y no ganan lejos de Riazor desde que regresaron con los tres puntos de Tarragona el 30 de septiembre.

La primera parte transcurrió entre mil balones divididos, infinidad de imprecisiones, atropellos y carreras de área a área. Ni el Deportivo ni el Almería dominaron la posesión o el ritmo del partido, porque el balón era un conejo saltarín al que nadie lograba meter en la cazuela. Al menos a los coruñeses les valió retirarse al descanso sin un solo remate recibido en su portería, mientras solo Expósito acertó con la local en un disparo fuerte y centrado poco después del cuarto de hora, pero René despejó de puños.

Llevaba más peligro que este un remate de Quique tras la primera subida por banda de Saúl, pero solo en el área chutó sorprendentemente fuera. Ya en la recta final del período, un contragolpe de Carles Gil, quien pareció no atreverse a chutar y luego a Quique lo cerraron entre cuatro rivales, así como un buen centro de Saúl que un defensa arrebató de la cabeza de Christian Santos que ya se relamía. El Almería había avisado de sus intenciones por medio de un discutidísimo pase corto de Dani Giménez a Bergantiños, solo invalidado por el fuera de juego de Álvaro Giménez, y en una media vuelta de Rioja taponada por Saúl en el punto de penalti.

Había que domar el partido, y al descanso Natxo González sorprendió con un doble cambio en el que desarmó dos de los vértices de su rombo inicial: Moreno y Krohn-Dehli sustituyeron a Expósito y Carles Gil. El Dépor ganó músculo, pero no el control del partido, que siguió desbocado, y perdió profundidad. Por el contrario, el campo pareció inclinarse más y más hacía la portería visitante, con Quique y Santos convertidos en islotes mientras el empuje almeriense encerraba en su área a los coruñeses.

El entrenador volvió a luchar contra la incomodidad blanquiazul con la entrada de Cartabia por el desaparecido Vicente Gómez. El argentino encendió la luz y volvió a iluminar el ataque de su equipo. No tardó ni diez segundos en tocar a rebato en un contragolpe que sus compañeros de ataque no lograron seguir. Claro que justo después llegó el mayor susto local, con un sonrojante robo de Narváez ante Moreno y el cabezazo en el segundo palo del exdeportivista Juan Carlos que se perdió milagrosamente fuera.

De tanto ir a la fuente, el Almería rompió el cántaro a quince minutos del final. Un golazo. Narváez, que no llevaba ni diez minutos en el campo, recibió en el área, regateó en una baldosa a Bergantiños y su disparo limpió la escuadra de la portería de Dani Giménez. Solo entonces el Dépor dispuso del balón, porque la fantasía corrió a cargo de Cartabia. Desde las cercanías de la frontal sacó de la chistera un fenomenal derechazo que René se tragó cerca del palo. Aún Quique, en una de sus escasísimas apariciones, acarició el gol del triunfo tras aprovecharse de un salto de Christian Santos encarar al meta, pero chutó fuera. Fue el espejismo final de un partido que acabó sin males mayores, pero que el Deportivo nunca supo encarar.

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Solo Cartabia sostiene al Deportivo en Almería