El protocolo de abrocharse, o no, el cuello de la camisa

La Voz REDACCIÓN

TENDENCIAS

Sin dejarse ningún botón o con dos o tres abiertos, he ahí la cuestión

10 oct 2014 . Actualizado a las 18:16 h.

Hasta hace un par de temporadas, nadie se lo había planteado ya que el protocolo estaba claro. Cuando se llevaba corbata o pajarita, la camisa debía ir abotonada hasta arriba. Así, el último botón quedaba oculto detrás de este accesorio tan masculino, mientras que cuando un hombre se despojaba de alguno de estos dos accesorios la libertad se abría paso y se dejaba entrever dos o tres botones del pescuezo. Ojo, nunca más, no hay que confundir las cosas y la elegancia debe estar siempre presente y no olvidarse de que el «escote» masculino no puede ser tan pronunciado como uno femenino. Sin embargo, la moda en esto de llevar camisas, sobre todo la blanca -la prenda básica y elegante por antonomasia- ha cambiado. Aunque, a lo mejor, lo más correcto sería hablar de evolución ya que el protocolo en el fondo sigue siendo el último. Lo que sucede es que ahora se han incorporado nuevos matices.

Donde antes, las camisas solo iban abrochadas hasta arriba para lucir corbata o pajarita, ahora se permite llevarla así aunque no se luzca ninguno de estos dos accesorios. Así, el riesgo ha pasado de ser abrir los dos o tres botones de rigor a cerrarlos como símbolo de rebeldía. La tendencia comenzó a consolidarse la temporada pasada y parece que ha llegado para quedarse, a pesar de que algunas y algunos piensen que con esta estética lo único que se transmite es una imagen de ahogamiento constante. Ahora ya no es tan raro cruzarse por la calle con un grupo de hombres con sus camisas abrochadas hasta el cuello, ya sean las tradicionales blancas o las tan recurrentes de cuadros.

Es lo que se conoce en este mundillo como la tendencia «buttoned up» que tiene su origen en una reacción al estilismo impuesto por James Dean en los años 50. Su looks desarreglado y mostrado la camiseta interior por debajo de la camisa se consolidó como el estilo sport del momento, teniendo su respuesta en el bando contrario de la sociedad. De esta peculiar forma, el mundo comenzó a dividirse entre los partidarios del icónico actor y sus formas desarregladas y «casual» y los que preferían un regreso al pasado y a las tendencias más tradicionales y que se habían quedado olvidadas en los salones europeos de principios de siglo.

De los empollones al Olimpo

A pesar de que este grupo estuvo relegado a determinados nichos de la sociedad durante más de cuatro décadas, sobre todo en ese campo que muchos se empeñan en despreciar denominándolos empollones, se ganó un renacimiento cual ave fénix con las nuevas imposiciones en el mundo de la moda que parecen mirar más hacia atrás que hacía delante y el dominio de la vertiente hipster. De la noche a la mañana, los botones abrochados de la camisa hasta el cuello perdieron todos sus matices despectivos ganándose un hueco en el Olimpo y en el armario masculino.

De esta curiosa forma, los hombres ganaron opciones sobre todo a la hora de lucir una camisa blanca. Símbolo de elegancia masculina por excelencia y una de las prendas más socorridas junto a la camiseta básica, ellos son los que eligen ahora cómo la quieren lucir y qué imagen quieren transmitir. Sin importar el tipo de cuello de la camisa, ya sea italiano o mao -como las slim fit blancas que tienen en la nueva colección de Hominen para El Corte Inglés-, las pueden lucir abiertas o cerradas sin importar cual sea la otra prenda estrella del look. Con un pantalón slim fit de color azul marino o con un pantalón tipo chino también azul marino, la decisión del ahogamiento o no voluntario ya depende más del gusto personal que del protocolo. Pero la etiqueta, al final del día, lo sigue teniendo claro.